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Debo embarazar a mamá 16
Fecha: 07/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... café que no tenía intenciones de tomar. Miraba, más que nada. Traté de estar con mamá en todo momento, para apoyarla, pero como estaba muy ocupada recibiendo la atención de todo el mundo, al igual que tía Tamara, podía estar tranquilo de no ser su sombra por un rato. Cecilia se movía por la sala con gesto contenido, pero su atuendo contrastaba con la solemnidad. Tenía puesto un vestido negro, largo, de tela suave, con un tajo discreto a un costado que se insinuaba cuando caminaba. Llevaba el cabello suelto. Estaba hermosa, pero era esa belleza apagada, la que se muestra sin querer, como por accidente. De tanto en tanto, sus ojos se cruzaban con los míos, y bastaba con eso para que recordara todas las veces que habíamos cogido, y, por un momento, el clima sombrío del lugar desaparecía, reemplazada por una lujuria impertinente. mamá, en cambio, parecía otra persona. Había optado por un conjunto sobrio: pantalón negro entallado, camisa blanca cerrada hasta el cuello, y un saco liviano que la hacía ver aún más elegante. Se había recogido el cabello en un rodete prolijo, dejando libres algunos mechones que enmarcaban su rostro. Tía Tamara vestía una falda azul oscura y una blusa de encaje negro, que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Había algo frágil en su postura, como si el mínimo empujón pudiera quebrarla en dos. Tenía ojeras marcadas y los labios mordidos, como si hubiera estado conteniéndose desde hacía horas. A veces parecía estar presente, y a veces ...
... se notaba que estaba en otro lado. Le había dado un abrazo hacia un rato, y ella me había acariciado la mejilla y me había dicho que me lo agradecía. Sentí vergüenza de ver a todas las mujeres de mi familia, en una situación tan triste, con la misma lujuria de siempre. Pero bueno, eso estaba en mi esencia. La abuela había muerto por un paro cardíaco. De esos que no avisan. Según contaron, se había despertado de golpe en la madrugada con un dolor en el pecho y no llegó a llamar a nadie. Que fue rápido. Sin sufrimiento. “Una muerte limpia”, dijo alguien, como si eso pudiera ser un consuelo. Pero yo sabía que no. Que no había limpieza posible cuando uno se lleva los pecados puestos. No podía dejar de pensar en lo último que hablé con ella. En la forma en que me miró, como si en algún rincón de su mente supiera quién era yo de verdad. No podía evitar sentirme culpable. Si no le hubiera insinuado que era el mismo que había conocido en el 98, quizá… Pero aparté esa idea de mi cabeza. No podía estar seguro que se haya muerto por eso. No tenía sentido hacerme la cabeza con eso. En cambio, sí me quedaron muchas preguntas por responder. ¿Qué hizo Ester cuando me morí? ¿Lloró? ¿Se arrepintió? ¿O simplemente limpió el desastre y siguió con su vida? ¿De qué hablaron con Eduardo? ¿Qué hicieron con mi cuerpo? ¿Hubo remordimiento? ¿O todo quedó debajo de la alfombra, como tantas otras cosas? Miré el ataúd. Me pregunté si ahí adentro quedaban respuestas que ya nadie ...