1. Morbo con mi hijo


    Fecha: 08/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Cortesana-Xochi, Fuente: CuentoRelatos

    Intento escapar de mi cuerpo sintiendo un temblor que aún me excita, solo contenido por el biquini que llevo puesto, pero el que dibuja mis pezones en relieve. Soy incapaz de decir una palabra, esbozo una sonrisa y mis palabras brotan cual gemidos a boca abierta; no se si suspiro o libero un orgasmo. Lo que va a pasar cambiará mi vida para siempre. No quise ser infiel, pero ya sé que cuando vuelvo de mis viajes, cuando deje de escribir mis experiencias ya no seré la misma; ya no lo soy desde hace un tiempo, soy una cortesana, una puta de salones con vinos espumantes. Recuerdo el incesto hace algunos años y sigo siendo esclava a merced de Edipo, ¡Puede poseerme!
    
    Morbo con mi hijo
    
    No hay morbo más grande que tener por amante a un hijo y aunque parezca demasiado grotesco, también así la lascivia pornografía que provoca. En mi caso es el sumun máximo del placer; creo que el incesto alcanza la lujuria, no solo por el pecado que encierra en el deseo, sino inclusive por el morbo que incita el poder ser descubiertos.
    
    Arrodillarme frente al bóxer de mi hijo y desafiando sus ojos con mis ojos, acaricio sobre esa tela su glande con mis labios pintados, dejándole rastros de ese pecado en la erección que le provoco. ¡Me encanta! Y aunque algún que otro amante satisface mis deseos, mi hijo es todo el sexo, la fantasía que necesito y que se revela entre mis gemidos.
    
    Aquellos días en un crucero que hacíamos desde Buenos Aires hasta el norte de Brasil, tuvimos una parada en Río ...
    ... de Janeiro, —siempre Río—, lugar de mis pecados y el inicio del incesto con Richard, mi hijo.
    
    Habíamos bajado en unas excursiones con él y mi esposo; pero de regreso mi marido se quedó dormido en nuestro camarote, yo aproveché para darme un buen baño de inmersión con sales y flores que me habían dejado en la suite; Richard en el camarote contiguo se estaba duchando también, pero al separarnos en el corredor, lo provoqué rozando con mi mano su bulto prominente; le dije que me esperara esa noche; no sé cuántas veces me masturbe en esa tina mientras fantaseaba con el derrame de su semen sobre mis labios.
    
    Fui al «spa» del crucero, me hice depilar completamente, solo dejando una fina tira de bellos sobre mi pubis que baja hacia mi clítoris y con un buen sauna y masaje me relajé toda, sabía que sería una noche interminable de salvaje sexo… ¡Estaba lista para mi hijo!
    
    La cena se sucedió como esas noches sobre la última cubierta, mesa reservada para los que tenemos ciertos privilegios de un crucero conocido, me había dejado el camisolín (aunque parecía una blusa de seda) pero no llevaba soutien por lo cual mis pezones eran un bajo relieve en esas sedas, jeans ajustados pero cortos en los tobillos y una pulsera en el izquierdo, como aquellas egipcias que delataban su erotismo en el antiguo Egipto, —bien transgresora y algo más, un tanto prostituta—.
    
    Mi marido «cornudo como de costumbre» solo me dio una palmada sobre mis nalgas que nada me provocara, pero el roce de mi hijo ...
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