-
Morbo con mi hijo
Fecha: 08/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Cortesana-Xochi, Fuente: CuentoRelatos
... al acomodarnos en esa mesa me hizo cerrar los ojos y dejar que los sentidos fueran un escalofrío sobre mi piel. Sentado delante de mí, entre otros comensales, yo descalzaba uno de mis pies llevándolo a su entrepierna, el que él sujetaba dejándome sentir la erección que me volvía más loca; era evidente mi calentura, tanto que, una mujer sentada a mi lado me dejo saber que se había dado cuenta y la muy atrevida bajo el mantel acarició mi pierna con sus uñas, mirándome también me sonrió; demasiado caliente para un solo instante cuando me preguntó al oído: —¿lo compartís?… Le respondí que sí, pero no esta noche, quizá mañana. Grace (esta mujer) rozó y volvió a acariciar mi pierna, pero esta vez, hasta mi ajustada vulva sobre el jean blanco, provocándome más fuego bajo mi piel, le sonreí, mi hijo no dejó de advertir esa escena; él, mordiéndose los labios me guiño un ojo, ¡estábamos listos para el placer! La sobremesa se había puesto pesada con esas conversaciones de los hombres que me aburren, por lo que Grace me invitó a salir a cubierta a fumar un cigarrillo, acepté porque fue un desafío lo que se provocaba en su mirada; mi hijo –caballero como siempre— nos corrió las sillas para poder abandonar la mesa, mientras salíamos a cubierta tomadas del brazo, mi hijo Richard, se me acercó, cuando acariciándome la mejilla me dijo —te espero en mi camarote; temblé y sentí que no solo me mojaba sino que también sentí electrizar mis pezones. —Te calienta mucho ese pendejo, —me ...
... murmuró Grace. —Si. Hace mucho que disfrutamos el incesto. —Ah, pero entonces los conoces de hace tiempo y ¿cuál es ese morbo si se puede saber? —De meterle los cuernos a marido, eso nos calienta muchísimo, coger cada vez más seguido y esta es una noche de pecados. —Pero advertí que no había entendido que era una relación con mi hijo, o sea, puro incesto. Sentí que Grace se estaba excitando conmigo y mi morbo iba en «crescendo», nos apoyamos en la baranda y asegurándose ella que nadie nos viera me besó dulcemente en los labios, sus manos desabrochaban mi jeans descubriendo que estaba empapada al masturbar mi clítoris y llevando mis jugos otra vez a su boca, me volvió a besar con un profundo beso de lengua y salivas. —¿Me vas a contar quien es ese pendejo que te tiene así? —Me murmuró al oído, mordiendo suavemente mi oreja que más me calentaba. —Es mi hijo… —Apenas pude suspirar y jadeando. Los ojos de ella no daban crédito a mis palabras, mientras le iba contando como habíamos empezado a coger con Richard en aquellas noches en Río de Janeiro y que a su vez era cómplice de mi adicción ninfómana, que solo él podía apagar mi fuego con tanto semen. Como estábamos navegando ya cerca de Río, le dije que eso me hacía recordar aquellas noches y que solo en ese momento quería estar en su camarote, desnuda y tendida sobre su pecho; —el de mi hijo—. —Me acabas de volver loca, —dijo Grace— me estás haciendo sentir hasta el más íntimo de mis escalofríos; ¿incesto ...