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Morbo con mi hijo
Fecha: 08/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Cortesana-Xochi, Fuente: CuentoRelatos
... camarote vecino, (el que tenía con mi esposo) apareció él y sin poder vernos bien, alcanzó a preguntar si estábamos bien. Entre risitas cómplices le dije que sí, que estábamos jugando cartas y fumando un poco, mi esposo «el muy cornudo» dijo: —no tomen tanto, me voy al jacuzzi— y cerró la ventana del camarote; sabíamos con Richard que la noche recién estaba en pañales y azules sobre las olas del mar, tiritaban los astros a lo lejos. —Lau… ¿pido champagne? —Si… pero recuerda que en estas noches para vos soy Xochi, tu pervertida diosa erótica. —Cierto, la más puta. Cuando tocaron la puerta, el camarero advirtió que mis pezones en un bajo relieve sobresalían de ese fino toallón, que apenas me cubría el pubis. —Perdón señora, ¿aquí pidieron champagne? —Si, le dije, (provocando que mi mano descubriera un poco mi desnudez) póngalo sobre la cama. A lo que mi hijo entrando desde el balcón y con su toallón en la cintura, le alcanzó una propina. Al salir ese camarero, negro como el ébano y bien dotado según su blanco pantalón, me guiñó un ojo, cumplido al que yo sonreí con un gesto de mis labios. —¿Te gustó el negro?, me preguntó mi hijo. —Si. Está bien dotado, por eso le deje ver mi conchita depilada. Nos emborrachamos durante gran parte de la noche entre besos quemantes y suaves mordiscos, esa era nuestro juego, el placer doliente y ardiendo en nuestros labios, hasta que caí rendida en la cama de mi hijo de tanto placer; cuando despertando en la ...
... madrugada y aún de noche, sentía otra vez sus pequeños mordiscos sobre mi pubis, la saliva de Richard servía de lubricación sobre mi clítoris y su lengua perversa, se enterraba aún más entre los labios húmedos de mi sexo. —No pares hijo. —le dije sosteniéndole la cabeza y apretándolo contra mi pubis. Estoy acabando sobre su boca y mis flujos se confunden en sus labios, sacudió su boca abierta y se devoró «literalmente» mi último orgasmo antes de que me volteara violentamente y se acomodara detrás de mí y me penetrara cabalgándome hasta que, rasgando las sábanas con mis uñas, volví a sentir su semen desbordando por mis piernas; me deje caer sobre las almohadas, su cuerpo sobre mi espalda, su pubis no dejaba de golpetear mis cadenas, una catarata de orgasmos eran mis gemidos mordiendo esas almohadas, no daba más de placer, pero aún no quería que se detuviera. —No pares, le volví a repetir. Cuando sentí que su tiesa pija estaba acomodándose otra vez en mi cola, curvé mi cadera hacia arriba, acomodé una almohada bajo mi vientre y mi cola quedo a merced de mi hijo, con sus manos separó mis nalgas y esa erección fue clavándose en mis entrañas con ese ardor interminable de placer de sus veintitantos centímetros, los que sentía en mi esfínter y que se hundían en mis entrañas. —Cogeme hijo de puta, cogeme más; ¡me partís, me arde! Cuando sentí que su ritmo era más intenso, supimos que estaba a punto de acabar, me solté y me puse en cuatro sobre la cama, como una perra en celo, ...