1. Qué iba a saber yo (8) Buenos días


    Fecha: 08/03/2026, Categorías: Gays Autor: Bartowski, Fuente: TodoRelatos

    ... hacia él con la mano, quedando nuestras caras a escasos centímetros.
    
    —Esta noche voy a mojar el churro sí o sí —empezó a decir, y llevó mi mano hasta su falo. Colocó mis dedos alrededor de su tronco, aunque apenas lo abarcaban.
    
    —Y tú… —me señaló con el dedo índice, golpeando mi pecho—, me vas a ayudar. Porque si no… el que pondrá el culo esta noche en mi cama serás tú.
    
    Me sentí pequeño e intimidado. Pero recordé que no estábamos solos. John me protegería, ¿verdad?
    
    —No me puedes obligar —dije firme, frunciendo el ceño.
    
    Ángel esbozó media sonrisa y me acarició la mejilla con el dorso de la mano.
    
    —No te equivoques. No soy un violador —acercó su cara a la mía y, bajando el tono de voz—. Serás tú el que suplicará tener mi rabo hasta el fondo —y terminó guiñando un ojo.
    
    Parpadeé varias veces, sorprendido por la seguridad con la que decía esas palabras.
    
    —¿Pero qué te has creído? Eres un cerdo —le solté, dolido.
    
    Alzó las cejas, incrédulo, y miró hacia su rabo.
    
    —Vale, tío, vale, lo que tú digas… ¿pero entonces qué haces sujetándome la polla todavía?
    
    De repente, fui consciente de que durante toda la conversación mi mano había estado alrededor de su miembro. Ángel la colocó allí, sí… pero desde entonces nada me había impedido apartarla. Aun así, allí seguía. Me morí de vergüenza. Tenía razón.
    
    Aparté la mano con rapidez y me alejé unos pasos de él. Me crucé de brazos y lo miré con frustración.
    
    —Vale. Estás muy bueno y me pones mil. ¿Contento? —le ...
    ... solté a bocajarro.
    
    —No. Estaré contento cuando descargue mi rabo esta noche —sonrió bobalicón y recortó la distancia entre nosotros.
    
    —Perfecto, pero aléjate de mí. No quiero poner yo el culo…
    
    No sabía cómo estaba manteniendo la compostura delante de semejante macho, pero tenía que mostrarme fuerte. Además, me estaba cabreando.
    
    —Pues ya sabes lo que te he dicho, putito. Tú me vas a ayudar —y volvió a tocarme con el dedo índice en el pecho.
    
    Molesto, enarqué una ceja por el sobrenombre.
    
    —¿Y qué se supone que quieres que haga? —solté, escéptico.
    
    —Verás… la hermana de Alex, la Yoli, tiene una amiga que está tremenda —hizo gestos con las manos, insinuando una figura con muchas curvas—. Verónica, creo que se llamaba. Una pelirroja tetona que me pone cachondo perdido —y tras decir eso, noté cómo su miembro daba un respingo.
    
    —Ajá… —contesté, escuchándolo.
    
    —Te acercas a ella en la fiesta y consigues que suba al piso de arriba. Del resto me encargo yo —sonrió con prepotencia, rascándose el pecho peludo.
    
    —¿Y por qué me va a hacer caso a mí?
    
    Se encogió de hombros, y al pasar por mi lado me dio un par de palmadas en el brazo.
    
    —Eso ya es cosa tuya —me dio una nalgada más fuerte de lo normal, marcándome su mano—. Si no, ya sabes lo que toca.
    
    Solté un grito y me froté la nalga, mirándolo con odio. Sonrió con confianza y se marchó del baño con la toalla al hombro.
    
    Cerré la puerta y me apoyé en ella, soltando un largo suspiro de frustración. Esta noche me ...