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En casa del profesor obeso
Fecha: 08/03/2026, Categorías: Gays Autor: chaser, Fuente: TodoRelatos
Las clases en la Universidad se habían vuelto un paseo, al principio pensé que mis encuentros con mi profesor iban a ralentizar mi aprendizaje, por lo de estar pensando siempre en él y en las tremendas folladas que me metía, pero resultó no ser así. Tampoco es como que pueda llevarme toda la gloria por este hecho, tras las primeras semanas mis notas empezaron a bajar y fue Carlos quien, como buen profesor, me obligaba a estudiar antes de, en sus palabras: “Disfrutar como el putito de mierda que eres”. En respuesta a aquellos recuerdos mi culo palpitó, apretando el dildo que tenía en mi culo para evitar que el lubricante se saliera. Normalmente lo llevaba para mantenerlo dilatado y que me pudiese follar rapidamente cuando había prisa, pero esta vez me aviso de llevarmi culo bien lubricado, algo que me extrañó y excitó a partes iguales. Tras terminar las clases salí disparado hacia la casa del profesor, aunque, tras cinco meses de encuentros, casi se podría decir que era mi segunda casa. Carlos había aprovechado ese tiempo para convertirme en su vertedero de semen, algo con lo que no discrepé en ningun momento, de hecho nuestra mayor discrepancia vino de mi forma de vestir. Un día, me vestí con lenceria de mujer y puse una carcel en mi pene, creyendo que eso lo excitaría, pero resultó tener el efecto contrario, llegando a despreciarme mientras decía que si hubiese querido una puta habría pagado por una. Al principio no lo entendí, pero, tras un tiempo, comprendí que ...
... a él le gustaba tener a alguien masculino (Hasta cierto punto porque no tengo casi pelo en el cuerpo) a sus pies, pero sobre todo lo que gustaba ver mi pene, mas grande, siendo sumiso al suyo. Por fin llegué a su puerta y llamé, dando pequeños saltitos de la expectación. Cuando abrió la puerta me recibió en albornoz, mirándome con desprecio y asco, algo que solía hacer para sentirse superior. Por mi parte lo que hice fue sonreir con inocencia y darle un piquito en los labios, movimiento que lo tomó por sorpresa, lo excitó y molestó, abofetandome antes de agarrarme de la cara y decirme. —No te he dado permiso para eso, al suelo. Me metí, arrodillé y levanté el culo mientras él cerraba la puerta. Mi culo se había vuelto mas turgente gracias a que estaba haciendo ejercicios para tenerlo mas redondo, cosa que no desagradó a Carlos. Mi obeso se puso delante de mi y puso su pie descalzo sobre mi cabeza. —¿Has hecho lo que te ordenado? —Si. —Muestramelo—Me desnudé con rapidez antes de volver a mi anterior postura—¿Porque me has besado? —Porque solo con verlo me excito demasiado. —¿En serio? Estaba mirando al suelo por lo que vi perfectamente como el albornoz caía al suelo con un golpe sordo. Había visto a aquel hombre desnudo decenas de veces, pero siempre producía en mi el mismo sentimiento, una profunda excitación. Desde el suelo no podía ver su cara, pues estaba tapada por su barriga, pero lo que veía eran dos tetas gigantescas que sobresalían de tal ...