1. El polvo en el monte


    Fecha: 08/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... para volver a casa?!
    
    -Esperar a que sea de día y después ir andando hasta el primer taller de reparaciones que encontremos.
    
    -Me voy.
    
    Abrió la puerta. Le dije:
    
    -No abandones el coche que las víboras salen de noche a comer y te puede picar alguna.
    
    Cerró la puerta y volvió a bajar el vestido. Saqué el winston, y le ofrecí un pitillo. Lo cogió, se lo encendí con una cerilla, y después de echar una calada se relajó un poco.
    
    -¿Pasó alguna noche en el monte, tío?
    
    -Muchas, escapando de la guardia civil, pero unas veces con porros y otras con coca, fueron pasaderas, a pesar de estar solo -Posé en su rodilla mi mano derecha.
    
    Me quitó la mano de la rodilla, giró la cabeza para hablar y le planté un beso en los labios. Retiró la boca al momento.
    
    -Si vuelve a hacer eso me arriesgo a que me pique una víbora.
    
    -Voy a echarme sobre ti para…
    
    -¡Me voy!
    
    -Solo quería coger una de las papelinas que hay bajo la pistola.
    
    -La cojo yo.
    
    Apartó la pistola y me la dio. Estaba muy nerviosa. Le pregunté:
    
    -¿Quieres que te haga una raya?
    
    -¡No! La droga no es buena.
    
    Por decir algo, le dije:
    
    -Pero relaja.
    
    Hice dos rayas en el salpicadero con una de mis tarjetas de crédito, esnifé una con un tubito, me eché haca atrás en el asiento y quedé relax.
    
    -¿Qué va a hacer, tío?
    
    -Dormir.
    
    -¿La coca ayuda a dormir?
    
    Con los ojos cerrados y la cabeza reclinada, le respondí:
    
    -Ayuda.
    
    -¿Aún puedo?
    
    -La dejé ahí para ti.
    
    Esnifó, y ...
    ... exclamó:
    
    -¡Coñooo!
    
    -¿Qué?
    
    -¡Esto mete un subidón tremendo!
    
    -¿Sabías que con la coca se puede follar durante horas?
    
    -Usted va a piñón fijo.
    
    -Con el polvazo que tienes no querer follarte sería de tontos.
    
    Busqué su boca y ya se dejó besar.
    
    -Me voy a dejar un poquito, pero solo un poquito.
    
    La volví a besar y ya me devolvió el beso. Recliné su asiento, la eche hacia atrás, la volví a besar al tiempo que mi mano se perdió debajo de su vestido y con ella de canto subí acariciando el interior de sus muslos cerrados. Me miró a los ojos, y ya me tuteó.
    
    -Dime cuanto me quieres.
    
    -Te quiero más que al aire que respiro.
    
    -Dime cuanto me deseas.
    
    -Te deseo más de lo que desean los presos la libertad.
    
    -¡Dime que me comerás el chocho!
    
    -Y el culo, te lo voy a comer todo.
    
    Abrió las piernas. Se encontró mi mano con la humedad de sus bragas y mi boca con la dulzura de sus labios y de su lengua al darme los besos que tanto había deseado.
    
    Su cara estaba roja y caliente mostrando el deseo que la poseía. Acaricie sus tetas, unas tetas protegidas por un sujetador, me dijo:
    
    -Espera -se incorporó-. Baja la cremallera de mi vestido.
    
    Bajé la cremallera, se bajó el vestido hasta la cintura, se quitó el blanco sujetador y volvió a echarse hacia atrás. Mirando sus grandes tetas con areolas y pezones oscuros, le dije:
    
    -Pareces un ángel.
    
    -¡Pero soy una perra!
    
    Cómo una perra me mordió los labios cuando le aparté las bragas para un lado y le metí dos dedos dentro de ...