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Una Compañera Para Aristemeión
Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos
... devolvió la mirada sin mostrar un atisbo de cohibimiento. Vestía un quitón blanco y corto hasta las rodillas que permitía ver sus muslos firmes y tonificados. Las sandalias las llevaba trenzadas justo por debajo de las rodillas y con un movimiento fluido se puso de pie. Era más que evidente que era más alta que él, y su figura escultural no podía pasar desapercibida. Aristemeión se ruborizó al sentir la mirada de la extraña, sus pechos voluminosos bajo el quitón, que se movían suavemente al caminar, un hombro al descubierto y en el cual un broche sujetaba la prenda. La desconocida se acercó a paso lento y confiado, su rostro sereno y amigable. Aristemeión se llevó una mano a la entrepierna, intentando cubrir su miembro. Sus ojos azules parecían dos zafiros refulgentes y el rostro, hermoso y de delicadas facciones, resaltando la nariz recta y labios carnosos. Lucía unos años mayor que él, alrededor de los 23 o 24. "Buen día," saludó la extraña en un acento griego salvaje y fuerte, "parece que necesitas ayuda," añadió con una sonrisa. Pronunciaba la r toscamente. El joven quedó mirando fijamente a esa imponente mujer de complexión atlética pero curvilínea ante él. "Es mi primer día, no sé por dónde empezar," balbuceó Aristemeión, sonrojado. La desconocida se acercó aún más, y cruzó los brazos por debajo de su pecho, dando a su figura un aspecto a la vez sensual y dominante. "No te preocupes, te puedo ayudar si quieres. También necesito a un compañero para mi ...
... entrenamiento. Me llamo Hebenice," dijo la mujer con una sonrisa complacida. "Aristemeión," murmuró el joven, aún cubriendo torpemente sus partes con la palma de la mano. La sonrisa de Hebenice se ensanchó un poco más. "Sabes, no es necesario hacer eso aquí, Aristemeión," indicó con la mirada su mano en la entrepierna. "Puedes mostrarte delante de mí sin problemas.” Con un suspiro nervioso, Aristemeión apartó la mano de su virilidad. La luz de la mañana que se filtraba entre las hojas de los altos laureles que los flanqueaban a su derecha, se posó en su piel pálida y sus cabellos de un tono rojo que le hacía parecer una diosa del fuego. Agradeció a Afrodita no tener una erección delante de una dama desconocida que venía a entrenar. Hebenice se mostró satisfecha y se dio vuelta, indicando que iría al vestuario y regresaría para empezar. Aristemeión la siguió con la mirada, admirando la suave curvatura de su espalda y las caderas anchas que se balanceaban a cada paso. Aquello no parecía tan sensato, entrenar con una monumental mujer desnuda, y trató de mantener los pensamientos puros. Pero no podía evitarlo, esa mujer era la personificación de la belleza que los escultores esculpían en estatuas o pintaban en frescos de los templos. La frescura de la mañana lentamente se disipaba y el sol ya brillaba con más intensidad. Se escuchaba algún canto de aves por encima de los árboles. La suave brisa acarició su cuerpo desnudo, y buscó mantenerse erguido y sin complejos en ...