1. Una Compañera Para Aristemeión


    Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos

    ... medio de la vacía palestra. Hebenice salió de los vestuarios hacia el césped con zancadas firmes y seguras, y Aristemeión no pudo evitar observar cada centímetro de su piel desnuda. Sus pechos eran firmes y redondos, los pezones duros y las areolas grandes y de un tono rosado claro, la piel pálida suave y sin imperfecciones. Su vientre plano y silueta atlética resaltaron cada músculo que se movía al caminar.
    
    Los muslos y piernas firmes y gruesas eran como dos columnas de mármol infinitas. Pero todo aquello era lo menos impresionante de la hermosa pelirroja. En su entrepierna, unos vellos del color del fuego le dibujaban un triángulo perfecto en la pelvis y debajo de ellos, se balanceaba un miembro que aún en su estado de flacidez, parecía más grande y grueso que el suyo, los testículos eran grandes y colgaban bajos. Aristemeión tragó saliva al detenerse ella frente a él.
    
    "Comenzamos?" propuso Hebenice con una sonrisa enigmática. Aristemeión seguía mirando fijamente su miembro viril. Ella lo notó y puso las manos en su cintura.
    
    "Eh... si... por supuesto," respondió, avergonzado, y volvió a mirarla a los ojos.
    
    Empezaron estirando sus brazos y piernas, Hebenice guiando sus movimientos para que realizara los estiramientos correctos. Aristemeión apenas podía concentrarse en las indicaciones que le daba, sus ojos inevitablemente iban a parar a los pechos, nalgas y entrepierna de la deslumbrante pelirroja, que de vez en cuando lo pillaba mirando, y le sonreía ...
    ... sutilmente.
    
    Pasaron a hacer sentadillas, ella a su espalda y ayudándole a mantener la postura correcta. Aristemeión podía sentir su calor, la suave presión de sus manos en su cintura y cada respiración en la nuca. Sus cuerpos transpiraban y los gruñidos de esfuerzo les acompañaban en el silencio ameno de aquel predio verde rodeado de árboles y pasillos de piedra. A cada repetición, Aristemeión sentía trabajar sus músculos de piernas y glúteos, y el calor del tacto suave y electrizante de Hebenice en su espalda.
    
    Le ayudó a levantarse, y las piernas le flaquearon un poco, no habituadas a esos ejercicios.
    
    "Listo para lo siguiente?" le dijo Hebenice, que parecía no cansarse. Aristemeión asintió, separando sus labios y exhalando con dificultad. La adrenalina que fluía por sus venas era a la par de la excitación y la ansiedad. Al menos con la agitación del entrenamiento, su polla se mantuvo flácida, aunque parecía apenas más pequeña que al principio, tal vez intimidada por la presencia de la de Hebenice, igual de grande en reposo que la suya erecta.
    
    "Necesitaré que sujetes mis tobillos mientras me apoyo en las manos," le indicó Hebenice, inclinándose delante de él, ofreciéndole su espalda. Aristemeión obedeció, agarrando sus tobillos con ambas manos, y ayudándole a ponerse de cabeza.
    
    En esa posición, su sexo y nalgas quedaron a escasos centímetros de su cara. Trató de mirar a otro lado, pero era como intentar que las olas del mar no mojaran la orilla de la playa. Hacer la vista ...
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