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Una Compañera Para Aristemeión
Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos
... en sus tobillos y evitó que diera su cara contra la hierba. Con cuidado bajó sus piernas y el muchacho quedó boca arriba, jadeando, mirando el cielo azul. La mirada satisfecha y pícara de Hebenice se posó por encima de su rostro. "Impresionante, Aristemeión, realmente has tenido un buen inicio," dijo Hebenice, su sonrisa amplia y satisfecha. Le ayudó a incorporarse y, debido a que tiró de él con más fuerza de la que esperaba, quedaron sus pechos apretados contra su cuerpo en una especie de abrazo accidental. Aristemeión pudo sentir el calor y el sudor de esa piel suave, un leve aroma a jazmín provenía de su cabello. "Creo que tiré de ti con más entusiasmo de lo que esperabas," dijo Hebenice, con una sonrisa juguetona en la cara. Aristemeión, sonrojado, se separó lentamente de ella, la piel erizada y sudorosa. "Descuida... gracias por la ayuda," respondió el muchacho, aún sin aliento, los músculos de sus brazos ardiendo. "Pues... nos encontramos mañana, si quieres. Para continuar," sugirió la joven mujer, una gota de sudor corriendo por su cuello y deslizándose entre sus senos. "Sí... sería... suena... bien," tartamudeó Aristemeión, aún desorientado después de haber estado cabeza abajo por varios minutos. Ella asintió contenta y sin decir nada más, dio un par de pasos hacia atrás antes de girarse y caminar lentamente en dirección a los vestuarios. Mientras la veía alejarse, Aristemeión no pudo evitar pensar que ella tal vez esperaba que dijese algo más, que ...
... hiciese un gesto que mostrase que no estaba solamente interesado en tenerla como una simple compañera de ejercicios. Con pasos vacilantes fue cerrando la distancia entre ellos, aún sin saber cómo decírselo sin parecer un tonto o irrespetuoso. Hebenice se detuvo al oír sus pisadas sordas en la hierba de la palestra y se volteó para mirarle. El muchacho se frenó en seco, esos hermosos ojos azules parecían más abiertos y con un dejo de anhelo en la mirada, Aristemeión tragó saliva y respiró profundamente, tratando de poner en orden sus ideas. "Oye, Hebenice, yo pensaba que… si no es atrevido… qué dirías si tú y yo... si podríamos..." "Sí, me encantaría," le interrumpió la pelirroja, con un brillo en sus ojos que delataba su interés. "Todavía... no te he dicho de qué se trata," Aristemeión se sonrojó ante la interrupción y la intensidad de su mirada que le hacía sentir una desnudez diferente a la que experimentaba allí en la palestra. "Quieres saber si deseo pasar más tiempo contigo que el de un simple entrenamiento, no es difícil de adivinar," dijo Hebenice con tono seguro y una sonrisa que le hacía aún más atractiva. "Conocéis la taberna de Dionisio, la que está en la calle de los alfareros? Allí me hospedo. Sirven frutas frescas y tienen buen vino." Aristemeión asintió, la emoción en su pecho desbordada por la respuesta de Hebenice. "Entonces... mañana por la noche... allí," dijo, la duda aún en su tono. "Por qué esperar tanto? Hoy al atardecer?" propuso ...