-
Una Compañera Para Aristemeión
Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos
... ella, dando un par de pasos hacia él, la distancia que los separaba era mínima, podían escuchar sus respiraciones entrecortadas. El muchacho tragó saliva, incapaz de articular una respuesta coherente. No podía creer que esa hermosa mujer había aceptado su invitación, o mejor dicho, que ella lo hubiera propuesto. Sentía que flotaba, que la hierba bajo sus sandalias ya no existía más. "Sí, al atardecer es perfecto," balbuceó, aceptando la propuesta. Hebenice se acercó aún más, su mano suave y firme sobre su hombro. Sus labios se curvaron en una sonrisa sensual. "Entonces, te veré hoy al atardecer, en la taberna de Dionisio," dijo suavemente, "hasta entonces, querido Aristemeión". Con esa despedida de una amante, la bella Hebenice se despidió con un beso en la mejilla que le dejo al muchacho sin aliento, su corazón latiendo descontrolado en el pecho. Ella reanudó su paso, dejando al joven allí en medio del recinto con una sonrisa enamorada en la cara, y una erección que se negaba a bajar. Aristemeión se masajeó el hombro que la muchacha le había tocado, la sensación de sus dedos aún lo hacía temblar. Mientras se colocaba el quitón en los vestuarios, no podía dejar de pensar en la maravillosa mujer que acababa de conocer y con la cual tendría una cita. Recordaba sus formas perfectas, sus senos, su firme y redondo culo; las piernas infinitas... y su virilidad. Tal vez aquello era lo que más lo sorprendía, pero en lo que menos dejaba de pensar. No era una mujer ...
... corriente como la que podría esperar conocer y de la cual enamorarse, pero el hecho de que compartiesen el mismo sexo entre sus piernas, salvando las distancias más que evidentes en la medida, le hacía sentir una atracción que no sabía explicar. Se pasó el resto de la jornada nervioso, su mente no paraba de volver a la conversación y las miradas que intercambió con Hebenice. Cada movimiento, cada sonrisa que le dedicó, cada toque que sintió en su piel le llenó de un calor que no podía controlar. Deseaba que el sol descendiese cuanto antes en el horizonte, que la noche se asomase y pudiera verla de nuevo y perderse en el profundo tono azul de sus ojos. Llegado el momento, se bañó en el estanque ubicado en el patio trasero de su hogar, enjuagando el sudor del entrenamiento y la tierra que se le había pegado a la piel. Al salir del estanque, se envolvió en un manto, sus pensamientos enfocados en qué lucir para la cita con Hebenice. Su abuelo se acercó al estanque, viéndole presuroso y ansioso. "Fuiste hoy al gimnasio como os ordené, muchacho?" le inquirió el viejo a su nieto. Aristemeión asintió varias veces, sin detenerse a charlar con su abuelo. "Tengo prisas, debo vestirme," respondió ansioso. "Por qué tantas prisas, jovencito? No deberías salir con esos amigos vuestros hasta tarde, o mañana la apatía os impedirá ejercitaros," replicó el anciano. Por respuesta negó con la cabeza y se dirigió a sus aposentos. El viejo le miró sorprendido, se encogió de hombros y ...