1. Una Compañera Para Aristemeión


    Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos

    ... siguió con sus asuntos, despotricando entre dientes sobre "la vagancia de la juventud, en mis tiempos ningún muchacho pasaba de sus mayores como si fueran invisibles".
    
    Eligió su mejor quitón, uno corto hasta las rodillas, blanco y hecho de lino, con pliegues en la cintura, y lo ató a uno de sus hombros, un cinto de cuero con un adorno de plata ceñía su cintura. Se puso unas sandalias negras, que le hacía parecer un poco más alto, y se aseguró de que su cabello castaño ondulado estuviese sin alborotar demasiado, los mechones cayendo por sus orejas y su nuca. Ansioso por la velada, aspiró hondo antes de salir de casa, el tono azul del cielo ya más anaranjado anunciando el inminente atardecer.
    
    Procuró no caminar tan deprisa, no quería transpirar de inmediato y arruinar su aspecto antes de encontrarse con ella. Intentó tranquilizarse y preparar algún cumplido que le pudiera gustar a Hebenice, que no sonara demasiado cursi o forzado. Mientras caminaba, su mente no hacía más que recordar cada detalle de su bello rostro, sus ojos azules, su cabellera roja como el fuego del sol que se ponía, y el sabor que suponía que tendrían esos labios carnosos que deseaba sentir contra los suyos.
    
    Sin darse cuenta, transitaba por la calle de los alfareros, los ruidos alegres y el olor a comida provenientes de la taberna de Dionisio ante él. El corazón le latía a mil por hora. Se paró delante del local, el cartel de madera chirriando al moverse con el suave viento. No había señales de ...
    ... Hebenice fuera de la taberna, se le hizo un nudo en el estómago, pensando llegar muy temprano o que ella no vendría. Se limitó a quedarse de pie fuera de la taberna, mirando a ambos lados de la calle, el sol lentamente descendiendo y las sombras alargándose, el fulgor naranja ya era más rojizo y tenue.
    
    Las personas que charlaban o caminaban por la calle de pronto quedaron enmudecidas y Aristemeión levantó la mirada. Una mujer vistiendo quitón dórico azul hasta los tobillos, abierto por el lado derecho, exponiendo completamente todo ese costado desde la pierna hasta los lados de su abdomen, su piel blanca como el mármol; caminaba por el medio de la calzada. Calzaba unas sandalias de cuero dorado trenzadas por encima de los tobillos, brazaletes de oro en las muñecas en forma de serpientes enroscadas, un cinto dorado en la cintura a juego, un colgante también de oro con forma de cabeza de gorgona colgando en su amplio busto. Su cabello rojo fuego, como el vino más puro; lucía un mechón trenzado a modo de diadema que le rodeaba la mitad de la cabeza y la cola de caballo trenzada cayendo por su espalda. Llevaba pendientes de amatista en las orejas, el contorno de sus ojos azules como zafiros, realzados por la tenue sombra y los labios pintados de carmesí. Aristemeión la reconoció de inmediato: era Hebenice.
    
    Su respiración pareció detenerse al verla, Hebenice sonreía sutilmente y se detuvo frente a él, algunos silbidos y halagos se escucharon amortiguados a su paso. Quedaron ...
«12...8910...17»