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Hipnosis erótica II 9: perdiendo el control
Fecha: 10/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... para provocar. La miré. Estaba divina. Se había puesto un vestido floreado, de esos que le marcan la cintura y se le mueven suave cuando camina. El pelo negro le caía suelto por los hombros, más brillante que nunca. Tenía los labios apenas pintados, y los ojos… esos ojos claros que iluminaban más que el sol que entraba por la ventana. La veía tan tranquila, tan natural, y a la vez tan perfecta, que me daban ganas de congelar el momento para siempre. Después me encerré un rato en mi cuarto, tratando de calmarme. Tenía que contenerme. Los efectos secundarios eran mi única limitación. La última vez había leído algo sobre sobresaturación neural, distorsiones del juicio, pérdida progresiva de control. No necesité googlear ninguno de esos términos para saber que no eran cosas buenas. Pero era difícil. Muy difícil. Tener a mamá ahí, tan cerca, tan hermosa, tan al alcance de un gesto, y no hacer nada… era como tener un caramelo en la boca y no morderlo. Lo que siempre me hacía pisar el palito era el hecho de que, para que aparecieran esos efectos secundarios, tenía que usarse muchas veces. Mi idea era limitar su uso con mamá para llegar a esas “muchas veces” dentro de mucho tiempo. Y siempre caía en la misma trampa. “Si igual recién empiezo a usarla con ella. No va a pasar nada”, pensaba. Estuve un rato largo dándole vueltas al asunto. Pensando en Cecilia, en cómo se había arrodillado, en cómo me había mirado mientras me chupaba la pija y me la llenaba de saliva. En ...
... lo morboso que era tener a una mujer adulta a mis pies, a una familiar cercana, esclavizada durante un rato, para luego olvidarlo todo, dejándome totalmente impune. Recordé también a tía Carolina, en cómo le decía frases denigrantes mientras le perforaba el orto. Pero sobre todo pensaba en mamá, con ese vestido floreado, ese pelo suelto, esa mirada que parecía no enterarse de nada. Lo que terminó de convencerme fue mi pija, totalmente dura, que me pedía a gritos ser usada una vez más. “Una vez más”, me dije, como un adicto. “Una vez más, y después sí, la dejo descansar unos días. Hasta una semana”. Salí de mi cuarto con paso tranquilo, como si nada. Ella estaba en la cocina. Aproveché, y me quedé en el living, mientras encendía el HypnoLink. Las imágenes coloridas que cambiaban continuamente me indicó que estaba encendido. Ella apareció en el living. Yo me hice el tonto, mirando el televisor. —¿Querés que veamos algo juntos? —preguntó. —Sí, de una —respondí. Se sentó a mi lado. Sentí el rico perfume de su cuerpo. Me miró, sonriendo, mientras agarraba el control remoto y ponía Prime Video. Por un momento sentí ganas de pasar un rato con ella. Un grato momento entre madre e hijo. ¿Hacía cuánto que no tenía un momento lindo con ella, sin la persistente idea de meterle la pija por todas partes? Pero ya habían pasado más de cinco minutos, y no cabían dudas de que ya estaba bajo mi control. ¿Qué iba a cambiar si no me aprovechaba ahora? Si igual ya estaba ...