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Hipnosis erótica II 9: perdiendo el control
Fecha: 10/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... Ella se había puesto a acomodar los libros de la pequeña biblioteca que teníamos. Por lo visto, la orden de que solo caminara, de alguna manera era completada por ella misma, y por eso caminó para luego ordenar la biblioteca. Esos pequeños detalles me alteraban, porque me hacían darme cuenta de que todavía no comprendía los alcances y las limitaciones de la aplicación. —Mami… —dije, apenas por encima de un susurro. Se giró. —Decime. Me acerqué un poco más y la miré de cerca. La ropa interior, casi blanca, hacía un contraste perfecto con su piel dorada. Extendí la mano y simplemente empecé a acariciar sus tetas. —¿Qué estás haciendo? —me preguntó, apartándose de mí. Por un instante me aterré, pensando que mamá ya no estaba bajo mi control. Pero luego me di cuenta de que mi orden solo había sido que se quitara el vestido y caminara en ropa interior por la casa. A eso se debía su reacción. —Tranquila, no te muevas. Te voy a tocar un poco las tetas. Ella suspiró, pero se quedó ahí. Así que me acerqué de nuevo, y empecé a masajear sus tetas, a través del corpiño. Mis manos se deslizaron suavemente sobre la tela, trazando contornos con la delicadeza de quien acaricia un pétalo. La calidez que emanaba era serena, como una corriente que se extiende en silencio. De a poco. Empecé a estrujarlas con más intensidad. Mis dedos se hundían en esas tetas suaves y perfumadas. Mi respiración se acompasaba con el ritmo de sus pequeños latidos, mientras mis dedos ...
... exploraban esa textura que parecía fundirse con su piel. Era un momento suspendido, cargado de una intensidad que no necesitaba ser nombrada. —¿Estás caliente? Deberías estarlo —dije, sin dejar de masajear sus tetas. —Sí… —respondió. —Hoy te voy a coger, ¿sabés? ¿Cómo te hace sentir eso? —No sé. Es extraño. Sé que es horrible. Que es una aberración, antinatural. Pero no puedo exteriorizar la desesperación que debería sentir. Eso, por un lado, es bueno. Eso me alivió, porque entonces, a pesar de que en el fondo sabía lo que estaba pasando, no estaba tan horrorizada como debía. —No te preocupes. Pensá que es como un sueño. Un sueño que luego ni vas a recordar. —Okey —dijo ella. —Hoy me cogí también a tu hermana. Ella no respondió, lo que tenía sentido, porque no le había hecho ninguna pregunta. Entonces la solté. —Ahora quiero que bailes —le dije—. Algo suave y sexi. Para mí. Ella asintió, y sin decir palabra, levantó los brazos despacio, como si estuviera bajo el agua, y empezó a moverse. No era un baile aprendido ni técnico, era algo más intuitivo. Un balanceo leve de caderas, una torsión casi imperceptible del torso, el juego de los brazos que delineaban el aire como si esculpieran una melodía invisible. Cerró los ojos, y por un momento, juro que parecía estar sintiendo cada nota de una música que solo ella escuchaba. Y se veía hermosa, sí. Parecía plácida, como si la música que sonaba en su mente la relajara. El cabello se sacudía suavemente, ...