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Hipnosis erótica II 9: perdiendo el control
Fecha: 10/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... hipnotizada. —Mami… —dije, y cuando se dio vuelta, ya me estaba mirando con esos ojos claros de agua helada. —¿Sí? —respondió, suave. —Parece que hace mucho calor. Mejor sacate el vestido. Ni parpadeó. Simplemente asintió, se puso de pie, se llevó las manos al cuello, y en un solo movimiento se lo deslizó por los hombros. Cayó como una flor rendida sobre sus pies. Recién ahí se me ocurrió que hubiera sido mejor que lo haga con un movimiento sexi, pero no importaba. Su cuerpo semidesnudo era lo suficientemente sexi en sí mismo. Se quedó cubierta solo con un conjunto de ropa interior claro, simple, de algodón. Nada de encaje, ni hilos dentales. Pero igual, con tanta piel a la vista, con las tetas apenas contenidas por el brasier, con su sumisión silenciosa, fue suficiente para que la pija se me volviera a poner dura. Tragué saliva. Por un lado estaba limitado por el tiempo, por otro, no tenía límites en cuanto a lo que podía hacer con ella. Como mucho, debía evitar dejarle marcas o cualquier otra cosa que luego la hicieran sospechar de que había pasado algo. Y, sin embargo, sabía que sería una pena simplemente cogérmela. Me gustaba mucho instarla a hacer cosas eróticas, que no necesariamente implicaban una relación sexual. —Caminá un poco. Me gusta verte desde todos los ángulos —le dije. Así que me quedé ahí, viéndola caminar en ropa interior por la casa como si fuera lo más normal del mundo, totalmente ajena al control que ejercía sobre ella. Aunque, ...
... en realidad sí estaba consciente de ello, solo que no podía hacer nada al respecto. Eso lo había descubierto con algunas preguntas que le había hecho, y lo confirmé cuando estuve con tía Cecilia. Sin embargo, mientras veía a mamá caminar sensualmente, meneando el culo, era la primera vez en que reparaba en ese detalle. La aplicación servía para que ella obedeciera y, entre otras cosas, podía hacer que sienta placer sexual. Pero en realidad, ella sabía que estaba siendo obligada. Al menos mientras estaba hipnotizada, lo sabía. Por primera vez sentí remordimiento. Siempre había estado seguro de que era un crimen sin víctimas. Pero ahora caía en la cuenta de eso. Era increíble que nunca lo hubiera hecho. Pero mi pija seguía dura, así que no tenía sentido que me mintiera a mí mismo. Iba a seguir jugando con mamá. La seguí con la mirada mientras se alejaba, flotando casi, como si sus pies no tocaran del todo el piso. El vestido seguía ahí, hecho un charco floreado entre las baldosas, y la luz de la tarde se filtraba por la ventana grande de la sala de estar, envolviéndola como en una escena onírica. Tenía la espalda recta, el cuello alargado y sereno, y esa manera de caminar que parecía una danza sin música. Los senos se agitaban suavemente, y yo no podía dejar de admirar ese precioso orto que tenía. Me fascinaba verla así, como una autómata, sin voluntad, sometida a mi caprichos. Me puse de pie, sintiendo la presión del pantalón en la pija. Me acerqué, despacio. ...