1. Hipnosis erótica II 9: perdiendo el control


    Fecha: 10/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... al igual que las tetas. Yo me aparté un poco para verla bien.
    
    Me quedé ahí, apoyado contra el marco de la puerta, sin moverme, con la respiración detenida y la verga tan dura que parecía que quería salirse del pantalón.
    
    Sin embargo, a pesar de que me moría de ganas de cogérmela, me quedé hipnotizado mirándola. Su baile era sensual y espontáneo. Su cuerpo era una obra de arte en movimiento. Su piel suave, perfecta, invitaba a ser acariciada. Sus ojos se abrían por momentos, y me miraba con una sonrisa tenue que parecía salirle del alma. Aunque, obvio, sabía que no era así. Sabía que, por dentro, mamá se estaría preguntando por qué carajos estaba bailando media desnuda para su hijo.
    
    Pero ya había dejado que pasara demasiado tiempo. Ya era hora de jugar un poco con ella.
    
    —Mami… —dije otra vez—. Caminá hacia mí.
    
    Y lo hizo. Lenta. Con las piernas firmes y suaves, con una expresión indescifrable. Se detuvo a pocos centímetros de mí. Sentí el perfume de su cuello, ese aroma limpio con un toque a crema de almendras.
    
    —Quiero que te arrodilles.
    
    Ella se puso en cuclillas. Me miró, desde abajo, igual que lo había hecho su hermana hacia un rato. Acaricié su rostro. Le corrí el pelo, poniéndoselo detrás de la oreja.
    
    —¿Qué pensás que te voy a pedir? —le pregunté, por puro morbo.
    
    —Que te chupe la pija.
    
    —Exacto —dije.
    
    Bajó el cierre de mi pantalón. Liberó mi verga, que salió como un resorte, casi golpeándole la cara. La envolvió con la mano, masajeándola ...
    ... suavemente. Entonces arrimó sus labios gruesos, y lamió el glande.
    
    El aire parecía llenarse de electricidad, una corriente casi palpable que recorría la habitación, envolviéndonos, como un efecto de las lamidas que me estaba dando mamá. Mis sentidos se agudizaron; el roce de su lengua contra la parte más sensible de mi miembro se sentía como una caricia de terciopelo, cálida y con un ritmo que parecía sincronizado con los latidos en mi pecho.
    
    El presemen empezó a salir con abundancia, y se iba pegando a su lengua mientras ella la pasaba ahora desde la base del tronco hasta encontrarse de nuevo con el glande. Así jugó un rato, hasta que se metió la pija en la boca. Ahí empezó a succionar con avidez. Yo escuchaba con deleite el sonido húmedo dentro de su boca, y veía, maravillado, cómo la cabeza subía y bajaba a la vez que su boca y su lengua se movían solo con el único objetivo de darme placer.
    
    —Qué bien la chupás, mami. Lo hacés incluso mejor que la putita de tía Cecilia. Y eso que el pete de ella también estuvo muy bueno —dije, con la voz temblorosa debido a mis jadeos—. ¿Por qué lo hacés tan bien? Te pedí que me chuparas la pija, pero no te dije cómo lo tenías que hacer.
    
    Ella se detuvo, y me miró con los ojos bien abiertos.
    
    —No sé. Cada vez que hago una mamada lo hago lo mejor que puedo.
    
    —Genial. Entonces seguí. No pares. ¿Estás cómoda?
    
    —Prefiero que lo hagamos en el sofá.
    
    —Claro.
    
    La ayudé a levantarse, y la llevé de la mano hasta el sofá. Me senté en ...
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