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La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada
Fecha: 11/03/2026, Categorías: Incesto Autor: kuenteroo, Fuente: CuentoRelatos
No le di más vueltas al asunto. Lo importante era que esos terribles escenarios que me había imaginado con angustia se habían esfumado con las palabras de mi tía Lau. No tenía que irme de allí ni tampoco ya parecía especialmente molesta u ofendida o al menos no a la escala que yo lo había imaginado. De todos modos, un incómodo sentimiento de vergüenza aleteaba encima de mi cabeza. Pasaron los días. Unos pocos. Tal vez cuatro o cinco en los que no me hice pajas. Por miedo, vergüenza, desanimo, culpa. No sé por cual razón. Quizás por una combinación de un poco de todas. Pero eso no funciona así. La naturaleza y la dopamina son muy fuertes. Tremendamente fuertes como para pretender inútilmente enfrentarlas o ignorarlas. Nuevamente caí en la tentación. Cada vez en mi privacidad, estando solo en el apartamento, era difícil no volcarme a la zona de labores, destapar el cesto y tomar entre mis manos las prendas íntimas de mi tía Lau. Sencillamente, ahora debía yo tener más cuidado. Solo tomaba una a la vez, el cesto lo dejaba abierto y me pajeaba de pie justo allí, al lado de la lavadora y no completamente desnudo para deshacer la escena al mínimo ruido percibido. Así no corría riesgo de que Adolfito o mi tía Lau me pillaran. Estudiaba bien cómo y encima de que pieza estaba la prenda que tomaba para volverla a colocar allí, justo después de gozar de la eyaculación. Así pasaron varias semanas. Mis pajas cotidianas aspirando olores vaginales arrancados de los calzones ...
... sucios de tía Lau volvieron a hacer parte del placer diario. Mi relación con ella con los días fue volviendo lentamente a la normalidad, amable, tranquila sin tanto dialogo, pero con un aprecio que estaba a la vista. Sobre todo, porque Adolfito fue mejorando sustancialmente sus calificaciones en matemáticas gracias a mi ayuda. Parecía que después de ese percance, había podido encontrar un equilibrio entre el respeto a mi tía, mi buen comportamiento y mis impulsos sexuales materializados en pajas intensas bien aliñadas con sus bragas usadas. Extrañamente, en mi cabeza, no pululaban casi pensamientos incestuosos con mi tía Lau. A pesar de que sus olores nutrían poderosamente mis pajas, siempre al masturbarme, yo imaginaba escenas con otras mujeres de mi entorno pueblerino o incluso de mi nuevo entorno universitario. Pensaba mucho en las tetas de Clara, una chica de la universidad que hacía la pasantía conmigo. Era chiquita, bonita, algo gordita, bien culona y tetona. Me producía un erotismo fuerte. Pasaron varias semanas, hasta que llegó el cumpleaños de mi tía. Iba a cumplir cuarenta y cuatro años. Yo, con poco dinero, no podía regalarle gran cosa. Sin embargo, se me ocurrió una idea. Regalarle un arreglo floral. Un detalle un poco cursi, pero bueno, detalle al fin de cuentas. Unas flores de agradecimiento, no de enamorado claro está. Sabía que le gustaban mucho las flores porque la escuché comentarlo con amigas de ella con las que a veces hablaba telefónicamente. ...