1. La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada


    Fecha: 11/03/2026, Categorías: Incesto Autor: kuenteroo, Fuente: CuentoRelatos

    ... por su cumpleaños. Tenía un vestido color vinotinto, lizo y sencillo, de una sola pieza, con escote en forma de v y algo volado que le cubría hasta un poco por encima de sus rodillas. Sus senos voluminosos se asomaban sin vulgaridad. Lucía agraciada con el pelo tocado y sus labios pintados de rojo carmesí. Traía una mano escondida detrás de su espalda y me dijo –Ven, siéntate ahí –señalándome una de las sillas de la mesa de comedor contigua a la cocina.
    
    Me senté y me puso intrigado al verla con un rostro pícaro, su mano derecha la escondía detrás de su espalda, como tramando algo. Sonreí mirándola allí de pie frente a mí. Me pidió que cerrara los ojos. Lo hice, pero no se fiaba de ello así que se dispuso detrás de la silla y con la mano desocupada cubrió mis ojos y me dijo que me tenía una sorpresa y no se valía abrir los ojos ni tocar nada con mis manos. Me puse más intrigado todavía. Mi tía no solía ser juguetona, pero entendía que algo borracha estaba.
    
    -Huele este perfume. Sin tocar por favor –me dijo.
    
    Olí. Al inicio no sentí nada. Ella acercó su mano aún más hacía mis narices. Olí, aspiraba y un olor familiar, muy familiar comenzó a penetrar mis fosas nasales. Era, era un olor a todo, menos a perfume, era ese olor que me activaba. Por varios momentos pensé que lo estaba imaginando, pero no. El olor se hacía vivo y penetrante. ¿Era ese olor? No. No podía ser. Olía a, a, cuerpo sucio, a sexo, a vagina. No. No era posible eso. O era una broma pesada quizás. Mi tía ...
    ... no es de bromas. Lo debía estar imaginando.
    
    -¿Te gusta el perfume?
    
    -Tía, ¿perfume?, huele a otra cosa –respondí ingenuamente
    
    -¿Te gusta o no?
    
    -Ay, tía –yo no sabía que responder. Me sentía todo confundido. Inseguro de mis sensaciones.
    
    -Ay, Miguel, ya veo que no te gustó mi sorpresa –me dijo con tono de decepción sin destapar mis ojos.
    
    -Tía, si, si, es que… huele a… -me daba vergüenza decirlo. No podía creer que mi tía me estaba haciendo oler algo con aroma a sexo que yo no podía mirar porque tenía los ojos tapados.
    
    -¿A qué? ¿A qué huele?
    
    -Tía, huele como a zona íntima de mujer.
    
    -Ja, como conoces de bien ese olor, ¿te gusta o no?
    
    Respondí con un sí, breve y miedoso, aunque claro. Por fin mi tía destapó mis ojos, pero puso de un tajo su mano en mis narices. Sentí la textura de una tela sedosa y olor se hizo aún más fuerte. Olía a sexo puro. Pude ver entonces incrédulo que mi propia tía estaba restregando por mi cara una prenda de mujer con un penetrante olor a sexo. Me sentí abrumado y contrariado. No sabía si sonreír, reír, quedarme serio, hablar o no hablar.
    
    -Yo sé que este olor te gusta. No sientas vergüenza. Relájate.
    
    -Ay, tía, pero, pero ¿y eso? –apenas lograba medio articular palabras frente a la gestualidad pícara de una tía que normalmente es seria y recatada.
    
    -Me la acabo de quitar. Tiene los olores frescos de ahora mismo –me dijo al oído.
    
    -Tía, ay, tía, pero, pero…
    
    -Huele, huele, huélela –me restregaba suavemente su tanga ...
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