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La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada
Fecha: 11/03/2026, Categorías: Incesto Autor: kuenteroo, Fuente: CuentoRelatos
... color rojo por mi cara y mis narices. -Te gusta, ¿verdad?, dime que sí te gusta. -Sí, sí, tía, sí. Mucho. Lo siento, pero sí me gusta –me confesé confundido aún. -Shhh –habla pacito. Adolfito está dormido -después me dijo con voz muy baja y seductora otra vez al oído: -Quiero verte otra vez como aquel día. -¿Verme? ¿Qué día? –todo me daba vueltas en la cabeza. Honestamente no entendía nada a pesar de lo obvio. Estaba vuelto un ocho entre morbo, sorpresa, vergüenza y asombro, desconcierto, susto. -Ay, Miguel, ese día, que te pillé en la cama haciéndotela con mi tanga sucia en tu cara –me dio mucha vergüenza al oírla decir eso. -Tía, ¿es en serio? –ella se reía con picardía sin emitir carcajadas al verme tan desajustado. -Si. Si es en serio. Quiero verte otra vez. No creas que eres el único que sufre de morbo. A uno también le da eso de vez en cuando. Yo no dije más nada. Solo intenté digerir incrédulo la cantidad de emociones que semejante situación me generaban. Mi tía Lau, se sentó en la otra silla frente a mí, no sin antes dejar la prenda íntima encima de la mesa, justo en mi puesto como si se tratara de un postre. -Anda Miguel, quiero verte. Hazlo como aquella vez –enterneció su voz. -Ay, tía, me da, me da vergüenza –me puse colorado. -Nada de eso. Muy bien que estabas aquel día. Ándate. Tomé con timidez la tanga. Nueva, bella, con encajes. Pude tocar la humedad resbaladiza. Realmente se la acababa de quitar. Olía a gloria. La aspiré ...
... suavemente, con algo de recelo. Me daba asombro que ella me estuviera viendo en semejante acto. Me tocaba por encima de mi ropa. Mi pene a pesar de lo tenso y raro de esa circunstancia respondía bien al activante aromático. Me daba rubor la idea de sacármela. Solo me sobaba el bulto por encima. Cerré los ojos momentáneamente y me entregué a los aromas sexuales profundos. -Pero, sácala. Quiero ver todo como aquel día. -Sí, sí. Tía, pero… pero… ese día… yo, yo creí que estaba usted molesta y hasta ofendida. -Miguel, ay, Miguel, que poco conoces a una mujer. ¿Crees que yo dejaría mis calzones sucios en el mismo puesto, si eso me hubiese ofendido? Los sigo dejando ahí, en el cesto, como siempre. Donde los puedas encontrar fácilmente. Me gusta la idea de que te calientes con ellos. Anda y déjame verte otra vez, por favor. Todo me quedó claro. Sentí regocijo y asombro. Me bajé mi pantalón y mi calzoncillo a la vez. Volví a sentarme en la silla así, semi desnudo, con mis pantalones abajo hechos un ocho entre mis pantorrillas. No podía creer que yo me estaba desnudando, con una erección potente, frente a ella. Sus ojos eran expectantes, atónitos y con su boca hacía gestos procaces. Me comencé a masturbar despacio. Ella miraba mi rostro, mis gestos y a ratos mi acto de paja. Nos mirábamos fijamente por momentos a los ojos. Los tenía brillantes y más acuosos de lo normal, con sus pupilas dilatadas. Le gustaba lo que veía. Parecía de repente toda una puta, viendo como yo me ...