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El Precio de Amar a mi Padre - Parte 3
Fecha: 12/03/2026, Categorías: Incesto Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos
El almuerzo había sido una tortura exquisita. Entre los cubiertos que chocaban contra los platos y el vino tinto que manchaba los labios de Rebeca de un rojo pecaminoso, la tensión sexual se espesaba como una niebla palpable. Alexander, sentado a la cabecera de la mesa con su camisa blanca desabrochada hasta el esternón, no le quitaba los ojos de encima. Cada vez que Rebeca llevaba un bocado a su boca, sus labios se cerraban alrededor del tenedor con lentitud deliberada, sabiendo que su padre observaba cada movimiento. — ¿No tienes hambre, papi? — preguntó Rebeca, pasando la lengua por un grano de arroz que se había quedado en su labio inferior. Alexander apretó el cuchillo hasta que los nudillos se le pusieron blancos. — Tengo hambre de otra cosa, princesa — respondió, voz tan áspera como el whisky que acababa de tragar. El juego continuó hasta el postre —unas fresas con crema que Rebeca se tomó el tiempo de lamer de sus propios dedos—, cuando Alexander finalmente se levantó para reunirse con sus abogados. La acusación de violación pendía sobre su cabeza como una espada, pero al ver la forma en que su hija se mordisqueaba el labio al despedirse, cualquiera hubiera pensado que no tenía preocupación alguna en el mundo. — No tardaré — prometió, pasando un dedo por su clavícula antes de salir. El agua caliente caía en cascadas sobre el cuerpo de Rebeca, lavando el sudor seco y los rastros de su padre que aún le pegaban a la piel. El vapor llenaba el baño, ...
... empañando los espejos hasta dejar solo siluetas fantasmales. Rebeca se inclinó bajo el chorro, dejando que el líquido le corriera por la espalda, entre las nalgas todavía sensibles, por esas piernas que habían estado envueltas alrededor de la cintura de Alexander durante horas. Sus manos, embadurnadas de jabón con aroma a vainilla, comenzaron un recorrido lento por su propio cuerpo. Se detuvieron en los pechos, donde los moretones en forma de bocados aún ardían levemente. Los dedos rodearon sus pezones, tirando de ellos con la misma fuerza que su padre había usado, y un gemido escapó de su garganta. — Papi... — susurró para nadie, imaginando que eran sus manos grandes las que la jabonaban, sus uñas las que le arañaban las caderas. El agua se llevó la espuma por el desagüe, pero no pudo llevarse las imágenes que bailaban detrás de sus párpados cerrados: Alexander empujándola contra la pared del baño, levantándole una pierna sobre el lavabo, poseyéndola otra vez con esa mezcla de ternura y brutalidad que la volvía loca. Cuando finalmente salió de la ducha, el espejo empañado le devolvió una imagen distorsionada de sí misma: piel rosada por el calor, cabello oscuro pegado a la espalda, ojos brillantes de deseo insatisfecho. Se secó con una toalla blanca, frotando con especial atención entre sus piernas, donde el simple roce de la tela la hacía contener la respiración. La habitación estaba bañada en luz dorada cuando Rebeca, vestida solo con un sostén negro de encaje y ...