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El Precio de Amar a mi Padre - Parte 3
Fecha: 12/03/2026, Categorías: Incesto Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos
... una falda corta que apenas le cubría las nalgas, se dejó caer sobre la cama. El colchón aún olía a sexo, a ellos, y ese aroma la hizo humedecerse al instante. Se recostó boca arriba, dejando que una mano viajara por su vientre plano hasta meterse bajo la falda. No llevaba ropa interior. — Maldito seas, papi — murmuró mientras sus dedos encontraban su sexo ya húmedo. Se tocó con pereza al principio, imaginando que era la lengua de Alexander la que la lamía, sus dedos los que la abrían. Pero pronto la necesidad se hizo más fuerte, y su ritmo se volvió frenético, las caderas empujando contra su propia mano. — ¡Sí, ahí, justo ahí! — jadeó, arqueando la espalda cuando el orgasmo la golpeó como una ola, dejándola temblorosa y satisfecha por un momento. Pero el alivio fue breve. Cuando se dio la vuelta para dormir, apretando una almohada entre sus piernas, el vacío que sentía solo podía ser llenado por una persona. El atardecer pintaba las paredes de naranja cuando Rebeca sintió el peso familiar hundiendo el colchón a su lado. Antes de que pudiera abrir los ojos por completo, unas manos grandes le corrieron la falda hasta la cintura y un cuerpo musculoso se posó sobre el suyo. — Papi... — murmuró, todavía medio dormida. Alexander, que olía a loción cara y a ese aroma masculino que la volvía loca, le corrió la tanga a un lado con un dedo. Su erección, dura y caliente, se deslizó entre sus labios ya húmedos, rozando su clítoris con una precisión cruel. — ...
... Me encanta tu carita de puta, mi princesa — susurró, mordiendo su oreja antes de empujar su miembro dentro de ella con un solo movimiento brutal. Rebeca gritó, uñas clavándose en su espalda mientras la llenaba por completo. Y así, con el sol muriendo en el horizonte, comenzó otra ronda de su danza prohibida. El amanecer encontró a Alexander y Rebeca entrelazados como dos raíces de un mismo árbol, sus cuerpos desnudos brillando con una fina capa de sudor seca, sus respiraciones finalmente calmadas después de una noche de pasión animal. La habitación conservaba el aroma denso del sexo, mezclado con el perfume dulzón de Rebeca y el olor salvaje que desprendía la piel de su padre. Ninguno de los dos había tenido fuerzas ni para cenar, ni para limpiarse, simplemente se habían derrumbado en ese lecho de placer, exhaustos pero satisfechos. Alexander fue el primero en despertarse, sus ojos oscuros recorriendo el cuerpo de su hija con una mezcla de orgullo y lujuria renovada. Rebeca dormía boca abajo, las sábanas apenas cubriendo la curva de sus caderas, dejando al descubierto su espalda marcada con arañazos y amoratados que contaban la historia de su noche. Con movimientos cuidadosos para no despertarla, se vistió con un traje caro que olía a lavanda y poder, preparándose para enfrentar el día y su posible condena con la tranquilidad de un hombre que ya había ganado lo que más deseaba. — Duerme, princesa — murmuró contra su hombro antes de dejar un beso suave donde la ...