1. El Precio de Amar a mi Padre - Parte 3


    Fecha: 12/03/2026, Categorías: Incesto Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos

    ... piel olía más a él que a ella.
    
    Rebeca solo murmuró algo incomprensible, hundiéndose más en las almohadas, demasiado agotada incluso para despertarse por completo. Alexander salió de la casa con una sonrisa en los labios, una sonrisa que no pasó desapercibida para el chofer que lo esperaba para llevarlo al estudio de sus abogados. Era la sonrisa de un hombre que, lejos de preocuparse por una posible cadena perpetua, saboreaba un triunfo íntimo.
    
    El sol ya estaba alto cuando Rebeca finalmente abrió los ojos, estirándose como un gato satisfecho. Su cuerpo le recordaba cada posición, cada mordisco, cada empuje de su padre, pero el dolor era dulce, era una prueba de que todo había sido real. Se levantó con una energía que nunca antes había sentido, como si cada célula de su cuerpo vibrara con una nueva razón de existir.
    
    La cocina, normalmente un lugar impersonal, se convirtió en su templo esa mañana. Mientras preparaba café y tostadas, sus movimientos eran casi danza, sus caderas se movían con una sensualidad nueva, como si incluso en la soledad supiera que alguien la observaba. Se sirvió un jugo de naranja y lo bebió lentamente, imaginando que eran los labios de Alexander los que succionaban su cuello. Cada bocado que llevaba a su boca lo hacía con una lentitud deliberada, recreando en su mente cómo su padre le había enseñado a saborear no solo la comida, sino cada sensación.
    
    Encendió el televisor sin prestarle mucha atención, solo para llenar el silencio de la casa, ...
    ... pero entonces las palabras "Alexander Ordoñez" y "nuevas acusaciones" la sacaron de su ensoñación. La pantalla mostraba a dos mujeres jóvenes, quizás de su misma edad, llorando mientras un reportero explicaba que se habían sumado a la denuncia original.
    
    — ¡Mentiras! — Rebeca gritó a la pantalla, sus manos apretando el vaso de jugo hasta que los nudillos se pusieron blancos.
    
    No se detuvo a pensar si las acusaciones podrían ser ciertas. No consideró por un segundo que su padre, el hombre que la había amado con una devoción que traspasaba todos los límites, pudiera ser capaz de hacerle eso a otra mujer. Todo lo que sentía era un odio puro y ardiente hacia esas extrañas que se atrevían a amenazar su felicidad recién encontrada.
    
    — No se lo llevarán... no lo harán... — susurró para sí misma, pasando una mano por su vientre plano, como si ya llevara dentro la prueba irrefutable de que Alexander era suyo y solo suyo.
    
    Las lágrimas cayeron sin permiso, pero no eran de tristeza, sino de rabia. Rabia contra el mundo que quería separarlos, contra esas mujeres que no entendían que Alexander solo podía amar de una manera: con posesión absoluta, con pasión que dejaba marcas, con una entrega que borraba todas las líneas.
    
    Rebeca apagó el televisor con un golpe seco. No necesitaba escuchar más. Sabía lo que tenía que hacer. Si el mundo quería quitárselo, ella lucharía con uñas y dientes. Después de todo, ¿qué no haría una hija por el amor de su padre?
    
    El crepúsculo teñía la ...