1. El Precio de Amar a mi Padre - Parte 3


    Fecha: 12/03/2026, Categorías: Incesto Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos

    ... mansión de tonos dorados cuando Rebeca terminó de prepararse, cada movimiento calculado como en un ritual sagrado. El espejo del vestidor le devolvió la imagen de una diosa de encaje negro: el corpiño, tejido como una segunda piel, levantaba sus pechos hasta crear un escote que invitaba al pecado, mientras las medias con ligueros dibujaban líneas obscenas en sus muslos de porcelana. No llevaba nada más, solo el perfume de Alexander que se había robado de su botella y aplicado entre los senos, donde el aroma se mezclaba con el calor de su piel.
    
    El tictac del reloj marcaba el paso de los minutos hasta su llegada. Rebeca se mordió el labio inferior al escuchar por fin el ruido del auto en la entrada, sus piernas temblaron levemente cuando la puerta principal se abrió con un crujido familiar. Alexander entró como una tormenta, su traje impecable ocultando la bestia que ella conocía tan bien, pero sus ojos oscuros delataban el cansancio de otro día luchando contra acusaciones que parecían multiplicarse.
    
    Rebeca emergió de las sombras del pasillo como un sueño erótico hecho realidad, sus tacones altos resonando sobre el mármol con cada paso calculado.
    
    — Papi... tu princesa te esperaba — susurró, deteniéndose justo fuera de su alcance, dejando que su aroma y su silueta hicieran el resto del trabajo.
    
    Alexander dejó caer el maletín al instante. El cuero golpeó el suelo con un sonido sordo, igual que su respiración al entrecortarse.
    
    — Dios mío... — fue todo lo que ...
    ... atinó a decir, sus manos ya temblorosas extendiéndose hacia ella.
    
    Pero Rebeca no se dejó tocar. En lugar de eso, se hundió lentamente de rodillas frente a él, sus manos hábiles desabrochando el cinturón y el pantalón con la destreza de quien ha soñado este momento cientos de veces. Cuando liberó su erección, ya palpitante y húmeda en la punta, contuvo un gemido al verla de cerca: gruesa, venosa, coronada por ese glande rojizo que conocía tan bien.
    
    — Deja que tu princesa te cuide — murmuró antes de inclinarse y besar la punta con una ternura que contrastaba con el fuego en sus ojos.
    
    El primer contacto fue una caricia de lengua apenas perceptible, un roce ligero desde la base hasta la corona, saboreando el líquido salado que ya asomaba. Alexander maldijo entre dientes, sus manos enterrándose en su cabello castaño para guiarla, pero Rebeca se resistió, manteniendo el control.
    
    — Shhh... déjame hacerlo a mi manera — susurró alzando la mirada, sus labios brillantes por la humedad de su miembro.
    
    Y entonces comenzó el verdadero ritual.
    
    Su boca se cerró alrededor de la cabeza, succionando con precisión mientras una mano se enroscaba en la base, bombeando al ritmo que su lengua establecía. Cada bajada era una promesa, cada subida una tortura deliberada. Rebeca alternaba entre movimientos lentos, casi perezosos, donde apenas la punta entraba en ese calor húmedo, y embestidas profundas que hacían que su nariz se enterrara en el vello púbico de su padre.
    
    — Mierda... esa ...