1. La joya y su reina


    Fecha: 12/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

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    Mónica estaba harta. De los hombres alfa, de sus rutinas previsibles, de su ego inflado y su incapacidad para comprometerse más allá de sus propios deseos. Sí, le gustaba ser follada. Le gustaba que la empotraran. Pero esos tipos solo servían para eso. No sabían quedarse. No sabían cuidar. A sus veintinueve años vivía sola, en un piso donde el orden lo ponía ella y el silencio era preferible al ruido de una relación mediocre. Había roto con su última pareja estable hacía más de un año y apenas había aguantado cuatro meses. Ni ella entendía cómo duró tanto con Germán. Su vida giraba en torno al fútbol, a las salidas con sus amigos, a alguna noche suelta de sexo o de copas. Solo de vez en cuando podía ejercer ese deseo que nunca había podido nombrar del todo: la necesidad de dominar. De guiar, poner las reglas. Y aún así, tampoco encontraba quién mereciera ser sometido. Desde entonces rollos esporádicos e intensos… Y Ander.
    
    A Ander lo conocía de antes. Fue la casualidad o, si se quiere ser trascendente, “el Destino”. Primero en la Universidad, en una charla, donde cruzaron unas palabras casi de cortesía. Pero el sábado siguiente, se volvieron a encontrar en un Pub del centro. Comenzaron a hablar, Mónica con la intención de follárselo ya que le atraía, pero la noche fue discurriendo hasta el amanecer y curiosamente él en ningún momento quiso ir más allá de la conversación, ni cuando ella le tentaba acercando los labios a los suyos. Al principio fue un reto, quedó más ...
    ... veces con él para enrollarse, pero parecía ajeno a sus repetidas provocaciones. Poco después, comenzó a salir con Germán. Lo suyo no duró mucho —cuatro meses escasos—, pero fueron suficientes para que Ander desapareciera de su radar. aunque ya había un poso. Había algo en él que a Mónica le inspiraba respeto. Era más joven, sí —tenía veinticuatro—, pero tenía algo que escaseaba: educación, sensibilidad, inteligencia tranquila. No alardeaba. Escuchaba. No buscaba impresionar. Observaba. Y algo más: era flaco, fibroso, con un cuerpo cuidado, limpio. Mónica lo había notado desde el principio. Al levantar los brazos en la terraza de un bar, le vio las axilas completamente depiladas. Pero no lo olvidó. Había algo en ese cuerpo suave, pulcro, que no encajaba con nada de lo que ella conocía… y eso, sin saberlo aún, la excitaba. El día que rompió con Germán, le mandó un mensaje sin pensarlo demasiado: “¿Tomamos una cerveza?” Él aceptó de inmediato.
    
    Bebieron despacio, en un bar casi vacío. Él no preguntó por la ruptura. Solo le habló de un libro, de un documental sobre fútbol femenino, de una canción. Mónica sintió que no necesitaba justificar nada. Y al segundo botellín, le cogió la cara entre las manos y lo besó. Él respondió. Sin prisa. Sin tomar el control. Esa noche terminaron en casa de Mónica. Subieron sin hablar mucho, como si ambos supieran que no había nada que negociar. Mónica abrió la puerta, dejó caer el bolso en la encimera, se quitó los zapatos y lo miró. Él estaba de ...
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