1. La joya y su reina


    Fecha: 12/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

    ... bajaron instintivamente para cubrirse, pero no había nada que cubrir. Todo estaba a la vista. Ella no dijo nada. Se acercó despacio, sin brusquedad. El aire entre los dos se volvió espeso, casi eléctrico. Cuando estuvo a su lado, levantó una mano y la apoyó sobre el centro de su pecho. La licra era fina, suave. Mónica bajó los dedos por el esternón, siguiendo el tejido tenso, hasta el ombligo. Luego más abajo. Hasta el lugar donde el encaje se abultaba apenas. Entonces lo notó. La forma no era natural. Había algo ahí, algo frío, rígido, contenido. Mónica frunció levemente el ceño y tanteó con los dedos. Lo entendió al tacto. —Vaya —murmuró, más para sí que para él—. Así que es verdad. Esto existe. Ander no pudo sostener la mirada. Tragó saliva. Tenía el rostro blanco, los labios entreabiertos, como si el cuerpo no le respondiera. Mónica lo miró fijamente, y aunque intentó mantener el gesto serio, una sonrisa involuntaria se le formó en los labios. No de burla. De fascinación pura. Le colocó el dedo índice sobre la boca, en un gesto seco y certero, y susurró: —Shhh… No hables. Y luego, en voz baja, apretando los labios para no reír: —¿Qué está pasando aquí, Ander? Sus dedos no se detuvieron. Seguían acariciando con suavidad el bulto metálico encerrado bajo la licra. El calor del encierro, la tensión de él, la textura fría… todo la excitaba de una forma que no había previsto. No era morbo. Era poder. —¿Así vives aquí cuando no estoy? —preguntó sin apartar la mano—. ...
    ... ¿Encerrado… como una niñita bien educada? Él quiso decir algo. Algo entre “no es lo que parece” y “yo no…”. Pero no logró hilar ni una frase. Mónica bajó las pantimedias con firmeza pero sin violencia. Dejó al descubierto la pequeña jaula metálica que envolvía su pene completamente flácido. Observó la curvatura, la forma exacta de la reclusión. Lo tocó. La frialdad del metal bajo sus dedos la estremeció. Por un segundo, sintió algo parecido al pudor… pero se desvaneció enseguida. Lo que sentía no era vergüenza. Era poder. —Nunca había visto una de estas en directo —murmuró, como si estuviera hablando de un objeto de museo—. Pero tengo que reconocer que… te queda bien. Ander no sabía si respirar o caer al suelo. Ella lo miró con los ojos entrecerrados, su mano aún apoyada sobre la jaula. —Tú me ocultabas esto… y yo pensando que eras simplemente un poco torpe en la cama. Pero no. No era torpeza, ¿verdad? Él negó muy despacio, sin hablar. Ella acercó los labios a su oído. —Era esto, una cosa suave, gentil, delicada... encerrada. Y sin apartarse, sin cambiar de tono, añadió con voz más baja aún: —¿Quién tiene la llave?
    
    Él tragó saliva. Tenía la boca seca, los ojos húmedos. Por un instante pareció que no iba a responder. Pero luego, casi sin voz, dijo:
    
    —Yo.
    
    Mónica no se movió. Solo dejó que el silencio se hiciera un poco más espeso. Acarició de nuevo la jaula con la yema de los dedos, como si comprobara que no era un sueño, y bajó la mirada hacia la línea suave de su ...
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