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La joya y su reina
Fecha: 12/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos
... pie, quieto, expectante. Fue ella quien se acercó. Le desabrochó los botones de la camisa sin prisa, hasta dejarle el pecho al descubierto. La piel era lisa, sin vello. Al acariciarle el torso con la yema de los dedos, él tembló apenas. Lo besó sin urgencia. Lo empujó suavemente hacia el sofá. Se desnudó con la naturalidad de quien ya ha tomado una decisión. Se montó sobre él. Marcó el ritmo. Ander se dejaba hacer. No oponía resistencia, pero tampoco proponía nada. Se limitaba a gemir en voz baja, a acariciarle los muslos sin firmeza. Cuando Mónica bajó la mano para bajarle los pantalones, se encontró con algo que no esperaba. La polla era pequeña. No tanto como para causar rechazo, pero sí lo suficiente como para marcar la diferencia. Más aún: no estaba completamente dura. Apenas respondía. Como si su cuerpo no acabara de entender qué se esperaba de él. —¿Estás bien? —preguntó ella, sin ironía. —Sí —respondió él, con una sonrisa tenue—. ¿Puedo…? Se deslizó hacia abajo. Abrió sus piernas con delicadeza y la besó con una lengua paciente, profunda, mansa. Lo hacía bien. Muy bien. No buscaba acelerar nada. No esperaba reciprocidad. La hacía suya con la boca, pero no como quien posee, sino como quien sirve. Mónica se corrió. Sola. Sostenida en ese ritmo constante, controlado. No recordaba la última vez que alguien la había lamido así, sin ansiedad ni torpeza. Después, él volvió a subir sobre ella. La besó, se acomodó entre sus piernas, y con un par de empujones descoordinados se ...
... corrió también. Fue rápido. Casi automático. No dijo nada. No se derrumbó. Solo se apartó a un lado, se quedó tumbado boca arriba, con los ojos en el techo y un gesto extraño: no de placer, sino de silencio aliviado. Mónica lo miró de reojo. No hubo decepción. Solo un silencio lleno de anotaciones internas. “Esto… no va por ahí.” Él no pidió disculpas. Ella no preguntó nada. Pero en ese mutismo compartido ya se estaba sellando algo nuevo. Durmieron juntos aquella noche, pero no hablaron mucho al despertar. Él le preparó café sin que ella se lo pidiera, y se despidieron con un beso breve, casi torpe. Durante el día, Mónica repasó mentalmente lo ocurrido. No hubo decepción, ni entusiasmo. Solo una extraña calma. Lo volvió a ver dos días después. Y luego otra vez. Y otra. Sin que hicieran falta grandes gestos, Ander fue quedándose. Una camiseta suya en el baño, un cepillo de dientes que no se llevó. Cuando ella se dio cuenta, ya dormía en su cama cuatro noches por semana. Una tarde encontró su pijama doblado con esmero junto al perfume de ella. No dijo nada. Pero algo en esa pequeña escena le produjo un escalofrío. Lejos de inquietarla, le gustó. Le gustaba cómo la miraba cuando cocinaba. Cómo ponía la lavadora sin preguntar. Cómo se acurrucaba por detrás mientras ella leía, sin esperar sexo. Empezó a haber algo… ordenado en todo eso. Y Mónica, sin saber por qué, no quiso alterarlo. A veces pensaba que quizás se estaba ablandando. Pero enseguida lo descartaba: había algo en él ...