1. La joya y su reina


    Fecha: 12/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

    ... abdomen.
    
    —¿Dónde está? —preguntó, sin dureza. Más bien como quien abre una puerta que ya sabe lo que guarda detrás.
    
    Ander titubeó. Señaló con la cabeza hacia el cajón de la mesilla. Ella no se giró enseguida. Mantuvo la mano sobre su pecho, firme, como si necesitara que él no escapara de ese instante.
    
    Luego, sin decir nada, abrió el cajón.
    
    La llave estaba allí. Pequeña. Plateada. Brillaba como una joya mal escondida.
    
    La tomó con dos dedos. La alzó a la altura de sus ojos. La observó con detenimiento
    
    —¿Y no es peligroso llevar esto puesto? —preguntó mostrando cierta preocupación.
    
    Ander negó con un movimiento leve de cabeza. Bajó la vista. No dijo nada más.
    
    —Entonces… —añadió ella, sin perder la calma—, ¿por qué lo haces?
    
    Él no respondió de inmediato. Se dejó caer en la cama, sentado, con la espalda encorvada y las manos entre las piernas. Miraba al suelo, como si no supiera por dónde empezar.
    
    Mónica se sentó a su lado y le tomó una mano. Su voz fue suave, sin presión:
    
    —Vamos, dímelo.
    
    Ander tragó saliva. Siguió sin mirarla. Apretó los labios, dudando. Luego, en voz muy baja, apenas audible:
    
    —Es… ¿cómo decirlo? Es como… negarme. No sé cómo explicarlo. Yo… me siento bien…
    
    Ella no insistió. Lo miró en silencio unos segundos, como quien entiende que ha llegado a un límite. Luego le sostuvo la barbilla con delicadeza, le levantó el rostro y lo besó. No fue un beso de deseo, ni de afirmación. Fue un gesto tierno, limpio, sin ...
    ... exigencias.
    
    Sonrió al separarse.
    
    —No pasa nada. No ahora.
    
    No lo soltó. Le acarició la mejilla con el dorso de los dedos y le habló con la misma voz tranquila de antes:
    
    —Te daré tiempo. Pero esto —dijo, alzando la llave un momento entre los dedos— no lo voy a perder.
    
    Se levantó y sin teatralidad, guardó la llave dentro del bolsillo interior de su chaqueta.
    
    Al volver la vista hacia él, vio que Ander empezaba a quitarse las medias. Se acercó y lo detuvo con una mano suave pero firme.
    
    —No —dijo en voz baja—. Quiero que estés así.
    
    Él la miró sin entender.
    
    —En serio —repitió ella, con una media sonrisa—. Quiero que estés así… No me preguntes por qué.
    
    Él asintió muy despacio. No dijo nada. Dejó caer las manos sobre sus muslos cubiertos por las medias y se quedó quieto, sin saber qué hacer con su cuerpo.
    
    Mónica miró el bolso que había dejado junto a la puerta. Recordó la bolsa con los tuppers.
    
    —He traído comida —dijo con tono neutro—. Lasaña y crema de calabaza.
    
    Ander reaccionó como si acabara de recordar el mundo exterior.
    
    —Ah… Vale. ¿Pongo la mesa?
    
    Ella lo miró un instante, de pie frente a él, todavía en esa ropa íntima y absurda, con los tacones torpes y la jaula entre las piernas. Dudó un segundo.
    
    —Sí —dijo finalmente—. Así, tal cual.
    
    Él la miró, como para asegurarse. Pero no insistió. Asintió y fue hacia la cocina.
    
    Mónica lo siguió con la vista. El sonido de los platos, el choque suave de los cubiertos, el crujido de las medias al caminar. ...
«12...4567»