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Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... gestos, reacciones, pistas. ¿Quién la escribió? ¿Era real? ¿Era fantasía? Nadie se levantó. Nadie se adjudicó la obra. Y eso la hacía aún más poderosa. Al final del día, el tintineo de la copa de cristal resonó en el comedor. La directora se puso de pie en la tarima, con el rostro sereno pero firme. —Jovencitas —dijo—, el concurso literario ha llegado a su fin. Este año ha sido, por lejos, el más prolijo en cantidad y calidad. Pero haciendo un momento al margen, también fue el más polémico. El comedor se quedó en silencio. Algunas chicas dejaron de comer. Otras bajaron la mirada. —Hemos recibido una gran cantidad de confesiones —continuó—. Muchas de ustedes han pedido ayuda a través de sus cartas. Y queremos decir, como Instituto Las Albas, que serán escuchadas. Haremos cambios. Algunos importantes. Porque más que ayudar, queremos hacer eco con ustedes y generar un cambio. Hubo un murmullo leve. No de duda, sino de sorpresa. —Volviendo al concurso —prosiguió—, tenemos un trabajo ganador. No fue difícil elegirlo, pues se destacó con creces del resto. El tema, controversial, pero con un gran dominio de la palabra y conocimiento en el área. Todas aplaudieron. Pero nadie se levantó para reclamar la obra. La directora esperó unos segundos, luego dijo: —Vamos a esperar hasta el viernes para que su autora reclame su premio. Se hizo un silencio breve. Luego, la directora volvió a hablar. —Sin embargo, tenemos una mención honorífica. Es una carta con gran ...
... peso emocional. Y por primera vez en la historia del concurso, será leída en voz alta para ustedes. En este caso, el trabajo quedará publicado en el tablero de obras literarias del instituto, pero no se pedirá que su autora revele su identidad. La directora se acomodó detrás del atril. El comedor estaba lleno, pero nadie hablaba. Las cucharas se detenían a medio camino, los murmullos se apagaban. Todas sabían que lo que venía no era una lectura más. Era una confesión compartida. Una herida abierta con elegancia. La profesora de literatura se acercó con una hoja doblada en tres. La desplegó con cuidado, como si temiera romperla. Y comenzó a leer. No sé si esto cuenta como literatura. Pero es lo único que tengo. Ella no me vio al principio. Caminaba por los pasillos como si el mundo le perteneciera, y yo era solo una sombra más. Me gustaba cómo se recogía el cabello, como si no supiera que ese gesto podía desarmarme. Me gustaba cómo hablaba en clase, como si cada palabra fuera una piedra que construía algo nuevo. Yo la miraba. No con deseo. Con hambre. Quería que me viera. No como se mira a una amiga. Como se mira a alguien que podría cambiarte la forma de respirar. Y un día, lo hizo. Me miró. No sé si fue por accidente. No sé si fue por curiosidad. Pero me miró. Y yo, por primera vez, no quise esconderme. No hubo palabras. No hubo promesas. Solo un gesto. Una cercanía. Un silencio que no dolía. Desde entonces, no sé si lo que siento es amor, o si ...