1. Nosotras, hijas del fuego


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos

    ... levantó antes que todas. El baño estaba frío, silencioso, aún sin huellas. Se aseó con lentitud, como si cada gesto fuera parte de un rito. Luego subió a su torre. Frente al espejo, se colocó las vendas sobre el pecho. Las ajustó con precisión, como si ocultar fuera también una forma de proteger.
    
    —Es injusto tener que ocultar semejante belleza —se dijo a sí misma, sin vanidad. Como quien constata un hecho.
    
    Bajó las escaleras. En el vestíbulo, un grupo de muchachas la esperaba. No con preguntas, sino con frases que querían ser ofrendas:
    
    —Eres tan inteligente.
    
    —Hacía falta alguien como tú aquí.
    
    —Se siente distinto el aire.
    
    Annabelle caminaba entre ellas sin detenerse. No ignoraba los elogios, pero no los necesitaba. Hasta que uno la hizo girar.
    
    —Despertaste algo en mí.
    
    La voz era suave, pero firme. Como una confesión que no pedía respuesta.
    
    Annabelle la observó. Elena. Algo más baja, cabello rubio ceniza, ojos celestes que parecían buscar algo más allá del rostro. Muy bella, pero desaliñada. Las gafas enormes disfrazaban su luz, como si la belleza fuera un secreto que aún no se atrevía a contar.
    
    Se acercó a ella.
    
    —¿Cómo te llamas?
    
    —Elena.
    
    —Siéntate conmigo para desayunar.
    
    Elena asintió, sin entender del todo lo que acababa de ocurrir.
    
    Muchas sintieron celos por primera vez. Y muchas se preguntaron por qué sentían celos. Era una muchacha como cualquier otra... o eso las dejaba más tranquilas.
    
    Annabelle y Elena, sentadas en ...
    ... la mesa, escuchaban cuchicheos, pero la joven los ignoraba. Elena miraba su plato, Annabelle la miraba a ella. Se sentía una tensión silenciosa. Todo el salón estaba pendiente de ellas.
    
    —Nos miran —dijo Elena.
    
    —Lo sé —respondió Annabelle.
    
    —¿Por qué me miras? —preguntó la rubia.
    
    —Intento leerte a través de esos lentes que usas —respondió la pelirroja.
    
    Elena se sintió atendida por primera vez, pero era tímida, y no supo qué responderle.
    
    —Quiero jugar un juego, Elena. Es para poder conocerte. Me lo enseñó una chica en Hungría. Se llama: Nunca no. Es muy sencillo. Te haré diez preguntas, y las respondes, pero no puedes decir "no" o pierdes. ¿Entendiste?
    
    —Sí —respondió Elena, y añadió—: ¿Y si respondo con esa palabra, qué pierdo?
    
    —Lo discutimos luego —respondió Annabelle.
    
    Se inclinó apenas hacia ella, sin tocarla, pero como si su voz pudiera rozarla.
    
    —Comienzo.
    
    —¿Te gusta leer por las noches?
    
    —Sí.
    
    —¿Has escrito algo que nunca mostraste a nadie?
    
    —También.
    
    —¿Te has sentido invisible alguna vez aquí?
    
    —Más de una vez.
    
    —¿Crees que la belleza puede esconderse a propósito?
    
    —Creo que sí.
    
    —¿Te incomoda que te miren demasiado?
    
    —Un poco.
    
    —¿Has soñado con escapar de este lugar?
    
    —Muchas veces.
    
    —¿Te gustaría que alguien te escribiera una carta sin firmarla?
    
    —Sería hermoso.
    
    —¿Sientes que hay algo en ti que aún no has descubierto?
    
    —Lo siento cada día.
    
    —¿Te gustaría que te llamaran por un nombre que nadie más ...
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