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Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... una noches", pero no leyó. Solo miró la página marcada, como si esperara que Shahrazad le susurrara algo nuevo. Y entonces, sin saber por qué, sonrió. A medianoche, el internado dormía. Las Albas, con sus torres y sus relojes detenidos, parecía flotar entre siglos. Pero en la torre más alta, una vela seguía encendida. Annabelle no dormía. Sentada en el alfézar, con la bata apenas ceñida, miraba el mar como si esperara que algo emergiera de él. El silencio era tan profundo que los toques en la puerta parecieron parte de un sueño. Tres golpes. Breves. Medidos. Se levantó sin prisa. Se cubrió con la bata como quien se envuelve en un recuerdo. Abrió la puerta. Allí estaba ella. La directora. Con el cabello recogido, el rostro sin expresión, y una carpeta cerrada entre las manos. Annabelle no se sorprendió. Solo dijo: —Hola, mamá. La directora no respondió de inmediato. Entró sin pedir permiso, como si ese espacio también le perteneciera. Cerró la puerta con cuidado. La vela titiló. —No deberías estar despierta —dijo al fin, sin dureza. —Tú tampoco. Se miraron. No como madre e hija. No como directora y alumna. Como dos mujeres que habían aprendido a esconderse en distintos lenguajes. La carpeta quedó sobre la mesa. No fue abierta. —¿Viniste a hablar o a vigilarme? —A recordarte quién eres. Annabelle sonrió, pero no con burla. Con algo más antiguo. Algo que venía de antes del internado, antes de los uniformes, antes de los ...
... nombres. —¿Y tú lo recuerdas? La directora no respondió. Se acercó a la ventana. Miró el mar. Y por un instante, pareció más joven. Más cansada. Más parecida a Annabelle. La vela crepitaba en la torre. Afuera, el viento golpeaba los vitrales como si quisiera entrar. —Debes mantener un perfil bajo —dijo su madre, sin levantar la voz—. De lo contrario, el plan no funcionará. Annabelle se acomodó la bata sobre los hombros, como si la tela pudiera contener lo que ardía dentro de ella. —Sabes que no soy así. No puedo estar enjaulada. Necesito gritar, rebelarme, que escuchen... que salgan de su letargo. La directora la miró con una mezcla de ternura y estrategia. No era la primera vez que la oía decirlo. Pero esta vez, algo en su tono era distinto. Más urgente. Más peligroso. —A su tiempo, mi niña. Todo lo bueno llega a quien sabe esperar. Annabelle suspiró. No con resignación, sino con esa furia que se aprende a domesticar. —Sí, sí... ya lo sé. La madre se acercó. Le tocó el rostro con la yema de los dedos, como si quisiera recordar algo que había olvidado. —Trata de no llamar tanto la atención, por favor. Está funcionando. Los profesores lo sienten. El cambio ya ha comenzado. Annabelle bajó la mirada. No por obediencia. Por cálculo. —Entonces que arda lento —susurró. El siguiente día no fue tan intenso como el anterior. El internado despertó con una calma fingida, como si intentara recuperar el orden que Annabelle había deshilachado. Ella se ...