1. ¿qué me has hecho tú? (ii)


    Fecha: 17/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos

    Aquella noche nos amamos como si el mundo se fuese a acabar al día siguiente, porque en lo relativo a ella y a mí así era en cierto modo.
    
    Pero aquella noche terminó, y el mundo en cierto modo terminó también con ella, y yo me fui, convencido de que no volvería a verla, llevando entre mis dedos un pequeño mechón de su pelo que me había dado como recuerdo, convencido de que sería esa reliquia lo último de ella que podría tocar, acariciar, oler y atesorar durante el resto de mi vida.
    
    Llevado de esa convicción decidí volver con mi esposa y dejar la vida de golfo, ya que de todas formas lo único bueno que me había traído hasta entonces la vida de golfo, que era el amor de aquella mujer, se me había escapado entre los dedos como el agua, para no volver jamás.
    
    No fue así del todo, sin embargo, y durante los tres años siguientes mantuvimos ella y yo una serie intermitente y prácticamente increíble de encuentros y desencuentros tan entrañables como absurdos: ella pasaba por mi ciudad y me llamaba para vernos, pero yo no me enteraba porque estaba trabajando cuando me llamaba.
    
    Yo la llamaba para preguntar qué era de su vida pero su teléfono lo tenía otra persona porque ella se había ido a hacer la carrera a Francia. Por fin conseguíamos hablar y la conversación se cortaba porque a mi móvil se le acababan el saldo, o la batería, o las dos cosas.
    
    Algunas veces ella pasaba por mi ciudad, siempre de paso hacia otras ciudades, siempre unas horas, a lo sumo una noche, en ...
    ... desvíos de su ruta habitual que ella achacaba a los motivos más peregrinos por no reconocer que hacía esas paradas para verme.
    
    Cuando eso ocurría, nos veíamos en persona, y pasábamos unas horas juntos en un estrafalario juego del gato y el ratón: a veces ella me tiraba los tejos y yo la rechazaba diciéndole que era lo mejor para los dos, y otras veces yo me le insinuaba y ella me decía como el que no quiere la cosa que había sido una buena idea ser solo amigos.
    
    Una de aquellas veces me presenté en la estación de autobuses con un perfume de imitación para ella, y resultó que ella me había comprado una camisa de marca de estas que cuestan un ojo de la cara.
    
    Otra vez me llevó, como de casualidad, al cuarto en el que habíamos estado juntos “porque tenía que ver a una amiga que estaba trabajando allí” y entre bromas y veras me ofreció hacérmelo con las dos a la vez allí mismo, gratis, “para que mi amiga vea que lo que le he contado de ti es cierto”, oferta con la que muchos soñarían pero que yo, por un sentido intermitente pero riguroso de la ética y la moral, decliné con gran esfuerzo y consiguiente dolor de testículos.
    
    Otra vez la invité a tomar unas cervezas y la llevé a la estación y ella me esquivó cuando, sin saber bien cómo ni por qué, traté de besarla.
    
    En otra ocasión anduve una hora hasta la estación para poder verla quince minutos de espera del transbordo que tenía que coger, y ella se despidió de mí tan efusivamente que los viejos borrachines que pululan sin ...
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