1. ¿qué me has hecho tú? (ii)


    Fecha: 17/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos

    ... allí, que ya había hablado con su hija de irse a vivir con ella, que ya nada la retenía en España más que un par de trámites legales y el verme a mí por última vez. Que estaba cerrando su ciclo, me dijo. Que quería empezar de cero, repetía insitentemente.
    
    Quise pedirle que me llevase con ella poro solo le pregunté si su decisión era firme. Ella me dijo “nada me puede hacer cambiarla”.
    
    Nada.
    
    Al día siguiente le dije a mi mujer que sí, que volviéramos a estar juntos, convencido de que era no ya la mejor opción, sino la única que me quedaba.
    
    También pensé en anular mi cita de despedida, pero decidí no hacerlo. Con una especie de despecho infantil, pensé que si la una me dejaba y me cogía cuando quería y la otra se me escapaba de las manos justo cuando yo estaba a punto de...bueno, ya sabéis...a mí me quedaba el derecho de disfrutar de lo que pudiera, dejarme de escrúpulos morales y no darle más vueltas al asunto. “Que le den por culo a todo”, pensé.
    
    El viaje en aquel autocar de precio más módico es un trayecto tortuoso por carreteruchas retorcidas, apeaderos polvorientos y montes quemados que dura algo más de dos horas y media. Cuando me bajé del bus, hecho un siete, y pregunté por el barrio donde ella paraba me mandaron a donde cristo perdió el bolígrafo.
    
    El clima más habitual de la ciudad es un calor húmedo y pegajoso que puede que es una auténtica tortura si te toca recorrerte la ciudad entera a pata, y luego seguir un buen trecho de carretera andando ...
    ... por el arcén hasta llegar a la barriada, que por su tamaño y sobre todo su distancia del núcleo urbano tiene mucho más de pueblo independiente que de barrio. Si una vez llegado allí la referencia que tienes es una dirección equivocada y la persona con la que has quedado te llama impaciente una y otra vez se comprende que la tentación de tirarse a las vías del tren y acabar con todo de una puta vez sea bastante fuerte.
    
    Si además uno ha elegido para la ocasión sus ropas más elegantes (una camisa negra que absorbe la radiación del astro rey mejor que las placas solares, un pantalón vaquero de invierno que amenaza a cada paso con despellejar los testículos y unos zapatos que solo se pone para las bodas y las entrevistas de trabajo), en parte por aquello de impresionar a una conquista y en parte por dar fuste a la excusa de que se acude a una entrevista de trabajo, es aún peor.
    
    Y si uno descubre, tras preguntar por teléfono veinte veces la dirección correcta y exponer a varios viandantes que “me están esperando allí hace un rato”, que esta corresponde al piso de putas más conocido del barrio, al cansancio, el dolor de pies, el escozor de entrepierna, el sudor, el agobio, y el mosqueo hay que sumar las miradas irónicas de los espontáneos con los que uno se encuentra y la sensación de ser más tonto que abundio.
    
    El recuerdo de aquella noche inolvidable que conté antes y la esperanza de sentirme de nuevo así eran lo único que me empujaba a continuar con aquel recorrido ...
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