1. ¿qué me has hecho tú? (ii)


    Fecha: 17/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos

    ... infernal.
    
    Por fin salí, como aquellos héroes de las leyendas antiguas, del averno para encontrarme con la mujer amada.
    
    La encontré aún más hermosa que tres años atrás.
    
    El sudor hacía brillar la piel de su escote y su melena negra olía a tabaco y a champú. Sonreía, nerviosa como yo, y como yo parecía no saber muy bien qué decir o qué hacer.
    
    5 minutos después, nuestra timidez se había evaporado.
    
    Fumamos, bebimos, comimos hamburguesas y patatas fritas a las que ella me invitó porque yo por aquel entonces no tenía dónde caerme muerto, nos reímos sin saber de qué. Afuera, en el pasillo, en los cuartos contiguos, las voces de sus compañeras y de los clientes que entraban y salían llegaban como ecos de un universo lejano e inconcebible. Desde la calle entraba el sol, y con él el canto de algún pájaro, el ruido de algún coche, los gritos de alguna pandilla de críos que jugaba en la calle.
    
    Bebíamos, y reíamos, y aunque llevaba meses evitándola, no podía dejar de tocarla: acariciaba su pelo, le daba palmaditas en la pierna, apoyaba mi mano en su hombro…
    
    Con la excusa del calor se quitó la blusa y dejó a la vista aquellas tetas enormes y maravillosas que el sujetador no era capaz de contener.
    
    Con la excusa de que había confianza me animó a quitarme los pantalones y ya no pude ocultar que tenía la polla dura como una piedra desde que había entrado en su cuarto.
    
    Con todo el descaro, sin necesidad de excusas, cedí al deseo irrefrenable de besarla en la ...
    ... boca, de acariciar sus pechos, de abrazarla y decirle al oído lo mucho que me gustaba, ya que no supe o no quise decirle a las claras lo enamorado que estaba de ella.
    
    La abracé mientras acariciaba su pelo y ella se acurrucaba en mi regazo. Acaricié las cicatrices de su barriga mientras le decía que era la mujer más guapa que había visto nunca. Enterré mi rostro entre sus pechos hasta casi asfixiarme. Lamí su coño sudado y palpitante, mordisqueé sus gigantescos pezones castaños, estrujé sus nalgas redondas y bamboleantes.
    
    La penetré con desesperada intensidad en todas las posturas que se me ocurrieron. Agarré con fuerza sus caderas hasta marcarle mis dedos mientras la follaba a cuatro patas con una pasión rayana en la violencia, metí mi polla hasta el fondo de su coño y la monté con la rabiosa energía del deseo atrasado mientras ella gritaba mi nombre y se corría entre convulsiones con mi rabo taladrándole el conejo una y otra vez.
    
    Me corrí en su coño, y entre sus tetazas sudadas y calientes mientras ella, tumbada, me lamía las pelotas y me daba azotes en las nalgas, y en su boca cuando me se golpeó la cara con mi rabo más duro que nunca y me pidió que le diese mi leche y se tragó toda mi corrida sin rechistar, y la besé con pasión saboreando en su lengua el regusto de mi propio semen.
    
    Todo ello no fue, en todo caso, tan bueno como la primera vez que nos amamos, otro verano en otro piso de putas.
    
    No fue, realmente, tan bueno como entonces, no: fue mucho mejor ...
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