-
La pequeña hada obscena Capítulo 1
Fecha: 19/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Fantasías Eróticas Hetero Autor: VelKoz, Fuente: SexoSinTabues30
El atardecer lamía los tejados del pueblo con su luz anaranjada. Las farolas de aceite comenzaban a chispear en los callejones, y los carruajes trotaban de vuelta a sus casas, llevando comerciantes, nobles y mentiras disfrazadas de promesas. Tony no volvió a casa. Tampoco lloró en público. Caminó. Sin rumbo, sin plan, sin dirección. Solo con una rabia desordenada en el pecho, y unas ganas de mandar todo al carajo. Las palabras de Clara, su novia, aún le retumbaban como una bofetada: —Tony… lo siento. Pero no puedo seguir fingiendo que me basta tu cariño. Él me puede dar más. Una vida mejor. Y así, con una sonrisa hipócrita y un perfume de otro hombre en la ropa, ella se fue. Clara. Su novia por dos años. Su “vida”. Su “futura esposa”. Ahora era solo una zorra de ciudad montada en el carruaje de un noble gordo que olía a dinero. Tony apretó los dientes y caminó más rápido. Pisó charcos sin mirar, tropezó con raíces. Cuando la tierra reemplazó a las piedras, no le importó. Cuando las ramas cubrieron el cielo, no notó que ya no había casas. Estaba en el bosque. Y allí, por primera vez en el día, se sintió… real. No había voces. No había juicio. No había Clara. Solo él, los árboles, y la tristeza apretada en la garganta. Se detuvo frente a un árbol grueso, uno de esos que tienen siglos tatuados en la corteza. Un gigante con raíces retorcidas como dedos saliendo de la tierra. Y sin pensarlo, cayó de rodillas. Lloró. Sin sonido. Solo con la cara ...
... hundida entre las manos. Estaba roto, y lo sabía. —¿Por qué siempre es lo mismo…? —murmuró—. ¿Por qué siempre terminan eligiendo al cabrón con más plata? La rabia burbujeó otra vez. Se levantó, con los puños cerrados, y sin pensarlo dos veces, soltó una patada al árbol. —¡Que se jodan todas! ¡Que se joda el amor, las promesas, las perras interesadas! El golpe fue seco. Pero no fue el árbol el que crujió. Fue… otra cosa. Un zumbido leve salió del tronco. Como si algo hubiera sido interrumpido. La corteza brilló brevemente con un tono dorado, y entonces, como un suspiro de otro mundo, una bruma se deslizó entre las grietas. Una figura comenzó a formarse en el aire. Pequeña. Brillante. Humana… pero no del todo. Tony dio un paso atrás. Frente a él, flotando en el aire, apareció una mujer diminuta. No mediría más de 20 centímetros. Tenía la clara pero ligeramente bronceadita, el cabello negro y largo, ojos naranja brillante y unas alas anaranjadas le vibraban suavemente en la espalda. Vestía solo una bata blanca muy cortita. Lo justo para cubrir lo mínimo, pero no lo suficiente para no imaginar lo demás. Y estaba furiosa. —¿¡Estás estúpido o qué, grandulón!? —chilló, flotando directo a su cara con los brazos cruzados—. ¡Ese árbol es mi hogar, mi cama y mi templo sagrado, y vienes tú a patearlo como si fuera una puta piedra de mercado! Tony se quedó tieso. —¿Qué…? —¡Mi árbol! ¡MI casa! ¿Sabés cuánto me costó que floreciera esta temporada? ¡Y tú con ...