1. Mi vida en un club de alterne III


    Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos

    ... entrecerrados como los de un lobo oliendo una presa, pero su sonrisa torcida mostró sus dientes amarillentos, un destello de lujuria que me dio náuseas. “Me pone a mil, puta,” admitió, desviando el coche hacia un descampado desierto bajo el sol de la tarde, donde el calor hacía sonar la gravilla bajo las ruedas y los matorrales secos crujían con el viento. “Dime la verdad, Margot. ¿Te ha tocado? Quiero detalles. Todo.”
    
    —Joder, este viejo es un cerdo, pero puedo usarlo— pensé, inclinándome más, mi aliento rozando su oreja, mi voz baja y sucia, un veneno envuelto en miel. “¿Quieres la verdad, cariño? Rosita tiene buen gusto,” susurré, mi mano en su muslo, apretando ligeramente, sintiendo el calor de su piel a través del pantalón. “Me ha dado un aperitivo, Diego. Me ha besado, me ha metido los dedos, me ha lamido hasta hacerme correr. ¿Te imaginas a tu sobrina de rodillas, comiéndome el coño?” Cada palabra era un anzuelo, y su polla, ya dura bajo el pantalón, era la prueba de que había mordido.
    
    Diego jadeó, apagando el motor con un movimiento brusco, su respiración entrecortada como la de un animal en celo. “Joder, zorra, me estás poniendo muy cachondo,” rugió, desabrochándose los pantalones, sacando su polla gorda, venosa, brillando con liquido preseminal bajo la luz del sol. “Sube atrás, puta. Quiero follarte ahora, y vas a contármelo todo mientras te rompo.”
    
    Me arrastré al asiento trasero, el cuero caliente por el sol quemando mis muslos, un contraste que erizó mi ...
    ... piel, y él me siguió, quitándome la falda y la blusa con una violencia que rasgó la tela, dejándome en tanga, mis tetas expuestas, los pezones duros por el aire y la adrenalina. “A cuatro, zorra,” ordenó, dándome un azote que resonó en el coche, un ardor que me hizo gemir, un dolor que se mezcló con un placer traicionero, mi coño humedeciéndose a mi pesar. Me puse en posición, el asiento crujiendo bajo mis rodillas, mis brazos y mi torso apoyados en el asiento, levantando mi culo en el aire como una ofrenda que odiaba dar. Él me bajó el tanga, arrancándolo con un tirón que quemó mi piel, y escupió en mi culo, un líquido cálido que goteó por mi coño, un gesto tan crudo que me dio náuseas. “Cuéntame, puta,” gruñó, empujando su polla contra mi vagina, la punta gorda abriendo mis labios, un estiramiento que me hizo jadear, un dolor agudo que se mezcló con un calor que no quería sentir. “¿Cómo te folló Rosita? ¿Qué te hizo esa cría?”
    
    —Que te jodan, Diego, pero te daré lo que quieres, no quiero peleas en estos momentos. Me estoy jugando mucho— “Me besó, Diego,” gemí, mientras él empujaba dentro, una embestida brutal que llenó mi coño, sus caderas chocando contra mi culo, un golpe que resonó como un tambor, cada centímetro de su polla rasgándome, produciendo dolor, un ardor que me hizo apretar los dientes. “Con esa boca de cría rebelde, su lengua en la mía, metiéndola en mi boca como una zorrita salida.” Él gruñó, follándome más fuerte, con violencia, sus azotes resonando, cada uno ...
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