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Mi vida en un club de alterne III
Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... evocaba sangre fresca, un grito mudo contra este infierno. El vestido negro que elegí se adhería a mis curvas como una amante traicionera, con un escote profundo que dejaba mis tetas al borde de la libertad y una falda corta y ceñida que dibujaba mis curvas con elegancia dejando apreciar la perfección de mis piernas. Mis tacones rojos, altos sin exagerar, golpeaban el linóleo gastado, preparando mi entrada altiva al campo de batalla que sería aquella casa. —Si me meto en la boca del lobo, que tiemblen todos, joder— pero mi pecho estaba apretado por un nudo, la imagen de Gladys suplicándome con sus ojos oscuros, su voz temblando como un cristal a punto de estallar. Me retoqué el maquillaje, aplicando rímel que alargaba mis pestañas hasta lo obsceno, cada pincelada un escudo contra el mundo. Me rocié perfume de vainilla, y cogí un bolso pequeño. El espejo me devolvió la imagen de una mujer todavía joven, bella y despampanante. También llevaba una foto de Gladys, arrugada pero sagrada, mi talismán contra este infierno. —Gladys, mi amor, ojalá pudiera llevarte conmigo, pero este juego es solo para una— la culpa me apretó el pecho, pero la empujé al fondo, donde guardaba lo que no podía permitirme sentir. Me acerqué hasta la habitación de Gladys, que a aquella hora seguía dormida. Entré sin llamar y me acerqué a su cama, rozándole la mano con la mía, su piel cálida como un hogar perdido, un refugio que me dolía abandonar. “Vuelvo luego, meu amor,” susurré, inclinándome ...
... casi para que no despertara del todo, mi aliento rozando su mejilla. Ella apretó mi mano, sus dedos temblando, y su voz fue un hilo frágil, apenas audible. “Margot, ¿Dónde vas?”. ”Diego ha venido a buscarme, cielo. Me invita a comer. Y no puedo decirle que no”, le dije. “No te vayas con él,” suplicó, con lágrimas asomando en sus ojos oscuros, cada palabra un puñal en mi pecho. “Me muero sin ti. Ese viejo te quiere para él, y yo… yo no soy nada sin ti. Por favor, mi amor, quédate.” —Joder, Gladys, cada palabra es un cuchillo, y estoy sangrando— pensé, mirándola, su rostro angelical bajo las luces sucias, queriendo besarla, follármela allí mismo, jurarle que renunciaría a todo por ella. Pero las palabras se me atragantaron, ahogadas por la ambición que me carcomía, esa voz fría que decía que Las Sirenas era una tumba y Diego mi única salida. “Es solo una comida, mi amor,” mentí, forzando una sonrisa que me dolió en los labios, cada sílaba una traición. “Hablaremos luego, te lo juro. No te preocupes, ¿vale?” La besé en la mejilla, demorándome en su piel suave, oliendo su perfume de coco que evocaba playas lejanas, una vida que nunca sería nuestra. Ella asintió, tragándose las lágrimas, sus dedos soltando los míos con una lentitud que me rompió el corazón. Salí antes de que su dolor me derrumbara, mis tacones resonando en el suelo pegajoso, un eco de mi huida. —Te amo, Gladys, pero tengo que jugar mis cartas, aunque me odie por ello— Diego me esperaba fuera, apoyado en su BMW ...