-
Mi vida en un club de alterne III
Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... rastro húmedo de mi propio jugo. “La próxima, te quiero de rodillas comiéndome el coño. Esto no acaba aquí.” Miró la puerta, nerviosa, al escuchar pasos en el pasillo. “Mierda, vámonos ya.” Salió rápido, dejando el baño cargado de nuestro olor, el billete quemándome en el escote. Me arreglé rapidamente, lavándome la cara con agua fría, quitando el pintalabios con manos temblorosas, mi reflejo mostrando a una mujer que se perdía. —Gladys, perdóname, mi amor, pero no soy digna de ti— Volví al salón, donde Diego y Marisa discutían a gritos, el vino derramado sobre la mesa como prueba de su furia. Rosita estaba en el sofá, con una cara de ángel que no engañaba, chupándose los dedos con una lentitud deliberada, sabiendo que yo reconocía su sabor. Me senté junto a Diego, quien me apretó la rodilla, sus ojos brillando con orgullo y lujuria, su mano subiendo por mi muslo otra vez, rozando mi tanga húmedo, un detalle que no pareció notar. “Joder, Margot, estás siendo una reina,” susurró, su aliento apestando a alcohol, un olor que me revolvió el estómago. —Este cerdo no sabe lo que ha pasado, y agradezco su ignorancia— Marisa resoplaba, recogiendo los platos con furia, lanzándome miradas que podrían haber cortado acero. “Esto es una vergüenza,” masculló, apilando los platos con violencia. “Diego, te estás riendo de mí, trayendo a esta prostituta a mi casa. ¿Qué dirá la gente?” “Que tengo una hembra de primera, Marisa,” replicó él, sirviéndose un whisky. “Margot es pura ...
... clase, algo que tú no entenderás. Cierra el pico y déjanos en paz. Mira, no me cabrees más.” Rosita se rió, estirándose en el sofá, mientras se olía los dedos bendecidos por los jugos de Margot. “Mamá, relájate,” dijo, con un tono burlón, sus ojos clavados en mí. “Margot es guay. Me cae bien, ¿verdad, tía?” —Zorra, sabes que me tienes pillada, y lo disfrutas— le devolví una sonrisa, inclinándome hacia Diego para disimular, mi coño aún palpitando por su lengua. La comida acabó en un murmullo de reproches, con Marisa retirándose a la cocina con un portazo que resonó como un disparo, y Diego fanfarroneando sobre cómo sus amigos envidiarían a su “nueva reina”. Me arrastró al coche, con una erección evidente bajo sus pantalones, su paso torpe por el vino y el whisky. Cerró la puerta del BMW con un portazo, y me miró, con una chispa de sospecha en los ojos, sus dedos tamborileando en el volante. “Os he visto salir del baño, zorra,” gruñó, arrancando el coche, el motor rugiendo como su lujuria. “¿Qué coño hacías con Rosita?” Me quedé helada, pero sonreí, jugándomela toda, inclinándome hacia él para que mi escote lo distrajera, mis tetas casi rozando su brazo. —Este cabrón no me pillará tan fácil— “Solo charlábamos, cariño,” mentí, rozándole el muslo con las uñas, mi mano subiendo cerca de su entrepierna, un cebo para desviar su atención. “Tu sobrina es curiosa, nada más. Preguntaba sobre Las Sirenas, cosas de crías. ¿Te pone imaginar cosas, verdad?” Diego gruñó, sus ojos ...