-
Mi vida en un club de alterne III
Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... atrapadas en el día, vendiendo sonrisas y cuerpos a cambio de euros que nunca bastaban. Gladys estaba tras la barra, sirviendo vodkas con una gracia que no pertenecía a este lugar, su vestido de encaje blanco abrazando sus curvas morenas, su pelo largo cayendo como una cascada de ébano sobre sus hombros. Me vio y su rostro se iluminó, pero la chispa se apagó al notar mi expresión, sus ojos oscuros hundiéndose en un pozo de tristeza, profundos como el océano que nos separaba de su Brasil. Me abrazó, temblando, su perfume de coco envolviéndome como un hogar perdido, su piel suave contra la mía, un refugio que me dolía abandonar. “Te fuiste con él otra vez, mi amor,” susurró, con lágrimas en los ojos, su voz rota como un cristal, cada palabra un peso en mi pecho. “¿Ya no me quieres?”. —Gladys, me destrozas, mi amor, y no merezco tu amor— pensé, cogiéndola de la mano y arrastrándola a toda prisa hasta mi habitación. Sin decir ni una palabra me senté en la cama, extendí las manos hacia ella indicándole que se acercara, sentándola en mi regazo, besándola con hambre, mis labios devorando los suyos. Su sabor a gloss de fresa era un bálsamo contra mi culpa. Mis manos se deslizaron bajo su vestido, acariciando su coño húmedo a través del tanga, mis dedos rozando sus labios, cálidos y suaves, un contacto que la hizo gemir en mi boca, un sonido que me atravesó como una flecha. “Te amo, meu amor,” dije, quitándole el tanga, mis dedos entrando en su coño, cálido y apretado, ...
... follándola con un ritmo lento, mis nudillos rozando su punto G, su jugo goteando por mi mano, un aroma dulce que me mareó. Su lengua danzaba con la mía, sus manos en mi pelo, tirando con una desesperación que era amor puro, sus gemidos resonando en el camerino como una oración. Bajé a su cuello, mordiéndolo con suavidad, dejando una marca que era mi reclamación, mi lengua trazando su piel, saboreando su sudor, salado y cálido. “Margot, meu amor,” jadeó, sus caderas moviéndose contra mi mano, buscando más, su coño apretando mis dedos, un espasmo que me hizo gemir. Me quité el vestido, dejando mis tetas al descubierto, y ella las chupó, su lengua trazando círculos en mis pezones, un cosquilleo que me hizo arquearme, mi coño palpitando, empapado, pidiendo su toque. Sus dedos encontraron mi entrada, follándome con una suavidad que era amor y cariño. Sus uñas acariciando tenuemente una y otra vez mi clítoris descapuchado me llevó al borde. Nos corrimos juntas, ella gritando mi nombre, yo gimiendo el suyo, un orgasmo que era puro amor, un incendio que quemó mi culpa por un segundo, nuestros cuerpos temblando, sudorosos, enredados en el camerino, el espejo reflejando nuestro amor, nuestro dolor. “No me dejes, Margot,” suplicó, llorando contra mi pecho, sus brazos apretándome como si temiera que me desvaneciera, sus lágrimas mojando mi piel. “No te dejaré,” mentí, abrazándola. Mi voz temblaba con una culpa que me quemaba, mi corazón roto por su amor. —Te amo, pero no puedo salvarnos a ...