1. Mi vida en un club de alterne III


    Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos

    ... negro. No llevaba su habitual traje de comercial sino que iba con la camisa desabrochada mostrando sus cadenas de oro sobre un pecho velludo y sudoroso que brillaba bajo el sol del mediodía. Su sonrisa era la de un tiburón oliendo sangre, y sus ojos me recorrieron como si ya me tuviera desnuda y a cuatro patas, una posesión que me dio arcadas. “Joder, Margot, estás para follarte aquí mismo,” gruñó, abriendo la puerta del copiloto con un gesto teatral, su mano demorándose en el marco como si quisiera atraparme. Me subí, dejando que la falda se me subiera, sabiendo que eso lo excitaba, un cebo para mantenerlo enganchado. “Enséñame más, puta,” dijo, con un brillo de lujuria en los ojos, y me subí la falda hasta dejar el tanga negro a la vista, un triángulo de encaje que apenas cubría mi coño depilado, una provocación calculada.
    
    “Así te gusta, ¿verdad, cariño?” ronroneé, cruzando las piernas con lentitud, dejando que la tela del vestido se arrugara en mis muslos, cada movimiento un anzuelo. Él soltó una risotada, arrancando el coche con un rugido que vibró en mi pecho, el motor rugiendo como su deseo.
    
    “Me encanta, zorra, te has puesto exactamente como quería.” dijo, poniendo una mano en mi muslo, sus dedos gordos apretando mi carne con una posesión que me hizo apretar los dientes. “Hoy vas a deslumbrar en la comida. Marisa es una amargada, vive de lo que le da su ex y de mi pasta pero se cree la reina de la moral. Y Rosita, mi sobrina, es una cría salvaje. Veintiuno, ...
    ... lesbiana, y no se corta un pelo. Ándate con tiento, que te va a comer con los ojos.”
    
    —Una familia de víboras, justo lo que necesitaba para joderme el día— asentí, mirando por la ventanilla las calles bañadas por el sol, el asfalto brillando con el calor, cada edificio un recordatorio de lo lejos que estaba de la libertad. “No te preocupes, Diego. Sé manejar a las fieras,” dije, con un tono que escondía mi inquietud, mi voz suave pero afilada. Él se rió, sobándome la pierna, sus dedos subiendo hasta el borde de mi tanga, un roce que me dio ganas de arrancarle la mano.
    
    “Eso espero, putita mia,” gruñó, con una sonrisa que mostraba sus dientes amarillentos. “Porque si la cagas, se acabó el trato. Pero si lo haces bien, Margot, serás la reina de mi mundo. Mis colegas fliparán, Marisa se tragará su veneno, y tú tendrás todo lo que una zorra como tú puede soñar.” —Un trofeo, eso es lo que quiere. Una puta para lucir y follar cuando le salga de los cojones— su monólogo continuó, fanfarroneando sobre contratos que probablemente eran más anhelos que realidades, sobre cómo sus amigos envidiarían a su “nueva reina”, sobre cómo yo sería la prueba de su éxito. Asentí, fingiendo interés, mientras mi mente estaba en Gladys, en su piel suave, en su voz rota, en la culpa que me quemaba por dentro.
    
    Llegamos a una casa adosada en un barrio de clase media baja, un lugar donde los sueños se marchitaban bajo el sol. El jardín estaba invadido por malas hierbas que desafiaban la mediocridad, y la ...
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