1. La culpa fue de mis primas


    Fecha: 24/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Maesu, Fuente: CuentoRelatos

    Un juego nada inocente con mis primas que me cambiaría la vida para siempre.
    
    Esta historia, real como todas las que escribo, sucedió hace ya bastantes años en un barrio obrero de una pequeña ciudad del Noroeste. Yo tenía por aquel entonces 18 años cumplidos y era el único de todos los primos que había logrado entrar en la Universidad, lo que en mi familia suponía un logro bastante destacable, y tenía, aparte de un hermano pequeño del que no hablaré más pues no pinta nada en esta historia, dos primas por parte de madre, llamémoslas Rocío y Catalina, hermanas entre sí y un poco mayores que yo, con las que tenía una relación muy estrecha desde siempre.
    
    Como sé que os gustan este tipo de detalles, cochinos que sois, aclararé que Rocío tenía 22 años y aunque tenía cierto complejo de fea, no estaba nada mal: era morena, con los ojos negros y profundos, delgada pero con un cuerpo curvilíneo y un trasero amplio y carnoso que no se correspondía del todo con su figura pero que a mí me parecía muy atractivo, opinión que ella no compartía ya que maldecía a lo que ella llamaba “mi culo gordo” y achacaba sus dificultades para conseguir novio a esa circunstancia.
    
    Por otro lado, su hermana Catalina tenía 20 años y era bastante guapa de cara, además de tener una melena azabache lustrosa y bien cuidada, aunque su cuerpo, flaco y desprovisto casi por completo de curvas, no la acompañaba mucho. Tampoco ella tenía novio que supiéramos, y no parecía estar muy apurada por conseguirlo, ...
    ... para desesperación de su padre, tío mío y a la sazón hermano mayor de mi madre, que consideraba que ya iba siendo hora de que sus hijas se encarrilasen.
    
    Cabe añadir, sin entrar tampoco en muchos detalles, que en mi familia, como en la mayoría de las del barrio, los noviazgos (y la virginidad) de las chicas no eran cosa de broma y mientras mis primas no tuviesen novio oficial no se las permitía salir por ahí a no ser que las acompañase alguna mujer mayor de la familia, o en su defecto algún hombre, casi siempre yo, para controlar que nadie las molestase y que no hiciesen nada que pudiera considerarse indebido. Aquello contribuyó a hacer que mi vínculo con ellas fuese más estrecho aún, y pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, sobre todo Rocío y yo, que teníamos una especial afinidad el uno por el otro.
    
    A todo esto, no he contado como era yo en aquellos tiempos, así que explicaré que a mis 18 años era un mozo de pelo largo y oscuro y ojos verdes, de estructura robusta, pero no gordo ya que hacía bastante deporte, poco velludo y con una sonrisa que me reportaba bastante éxito entre las chicas del barrio, que por desgracia estaban en su mayoría tan vigiladas como mis primas, así que me las apañaba con algún ligue bandolero de fin de semana, yendo a ver a una vecina viuda de mi abuela que era bastante amiga de hacer favores, o dejándome caer por un “bar de las luces” que había en la salida de la ciudad.
    
    Luego estaba el caso de mi tía Marcela.
    
    Mi tía Marcela, hermana ...
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