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La culpa fue de mis primas
Fecha: 24/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Maesu, Fuente: CuentoRelatos
... mientras se cambiaba de ropa o se duchaba. Incluso una vez me había aventurado a entrar en su cuarto mientras dormía la siesta semidesnuda y había aprovechado para mirarle el coño de cerca, su oscura mata de rizos mostrándose a través de las bragas semitransparentes y sus pezones inmensos recortándose con nitidez contra la tela del camisón que apenas podía contener la mitad de la masa de sus senos que bailaban rítmicamente al ritmo de su respiración. Había incluso rozado levemente esos pechos con el dorso de la mano, y le hubiese estrujado las tetas con todas las ganas de no ser porque cuando me disponía a hacerlo despertó de pronto, obligándome a hacerme el disimulado e inventar la excusa de que estaba mi abuela me había encargado despertarla para preguntarle dónde había dejado no sé qué. Me libré por los pelos y no me atreví con más intentos después de aquello, pero no era por falta de ganas. De haber sido por las ganas, de hecho, me le hubiese echado encima y me la hubiese follado sin descanso hasta dejarla preñada. En fin, ya sé que me he estirado un cuanto con los detalles familiares, pero tienen su importancia y ya entenderéis por qué. Aquello fue en el verano del 98 si mal no recuerdo, y entre mi prima Rocío y yo había pasado algo unos meses antes que había ampliado por así decirlo los confines de nuestra relación. Un fin de semana de mayo nos había tocado acompañar a mi abuela al pueblo por cuestiones que no vienen al caso y ya se sabe que la noche, la ...
... primavera, las casas de pueblo pequeñas y la confianza, a ciertas edades, dan lugar a ciertas situaciones. La primera noche, entre bromas y veras y aprovechando que mi abuela se acostaba a la hora de las gallinas y se quedaba como un tronco enseguida, nos habíamos metido mano un poco, nos habíamos morreado y nos habíamos quedado con un calentón tremendo. La segunda ya me metí en la cama con mi prima y tras restregarme con ella un rato le quité las bragas y me lancé hacia su coño, que era una especie de fruta prohibida que me tenía loco. No me dejó tocárselo ni chupárselo por mucho que se lo supliqué, pero pude contemplarlo de cerca a la luz lechosa de la luna y olerlo con ansia de perro hambriento. Era, me pareció, maravillosamente hermoso: con unos labios gordos y bien dibujados, prietos y rosados, cubiertos de una espesa mata de rizos negros y suaves que formaba un triángulo exactamente equilátero en su entrepierna, y olía a marisco fresco, a vacaciones en la playa, a romance de verano, a séptimo cielo. Me moría por acariciarlo y saborearlo, pero sabido que es que a menudo en estos lances una cosa lleva a la otra, y recordemos que cualquier estropicio de la virtud de mi prima podía ser descubierto y acabar en una auténtica tragedia con muertos y toda la cosa, así que me aguanté las ganas y empecé a masturbarme despacio porque no podía contener la calentura ni un segundo más. Mi prima, que también parecía estar bastante cachonda, me dijo que ni hablar de tocarla ...