1. La culpa fue de mis primas


    Fecha: 24/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Maesu, Fuente: CuentoRelatos

    ... “ahí” pero que si quería me prestaba su culo para que frotase mi polla contra él y me quedase a gusto. Casi me muero cuando me lo propuso, no sé si de la vergüenza o de la excitación. Asentí con la cabeza y ella se puso a cuatro patas, con su magnífico trasero apuntando hacia mí: era amplio, redondeado, carnoso, y lucía maravillosamente a la luz fantasmal de la luna que entraba por la ventana. Lo acaricié como se acaricia un sueño largamente perseguido. Era suave, terso, cálido. Besé sus nalgas tiernamente y me puse de rodillas, acercando mi polla ya más dura que una piedra a su culazo.
    
    -Nada de metérmela, solo me la frotas, ¿vale?
    
    -Vale.
    
    -No hagas ruido, no nos vayan a pillar. Y no tardes mucho.
    
    Empecé a restregar mi polla por la raja de su culo, pero me costaba un poco deslizarla así que le pegué un lametazo lo más húmedo que pude desde el perineo a la rabadilla, lo que hizo que ella soltase un leve suspiro y yo me llevase una sorpresa ya que el sabor vagamente salado del derriére de mi prima me pareció, contra todo pronóstico, bastante agradable. Una vez pringado de mis babas el trasero de ella empecé a frotar mi polla por aquella raja, agarrando sus nalgas para hacer algo de presión, rozando en cada pasada la entrada de su ano y reprimiendo en cada ocasión mis deseos de intentar dentro de ella.
    
    De todas formas la sensación era fantástica, y la visión de mi verga descapullada subiendo y bajando entre los generosos cachetes del trasero de ella aumentaba mi ...
    ... excitación. Ella también parecía estarlo disfrutando, porque empezó a tocarse discretamente y sus dedos rozaban mis pelotas cuando estas contactaban con los labios mayores de su vulva, que podía sentir hinchados y pringosos. No tardé, claro está, en llegar al clímax y eyacular copiosamente sobre las nalgas y la espalda de mi prima, y apenas unos segundos después ella empezó a convulsionar y hundió la cara en la almohada mientras cerraba crispadamente las piernas pegándose una corrida de campeonato.
    
    Luego me fui a mi cama, y las cosas, de puertas para afuera, siguieron como siempre. Porque de puertas para adentro era otra cosa. Aprovechábamos cualquier ocasión para escabullirnos a meternos mano, y siempre que podía convencerla, ella “me prestaba su culo”. Me encantaba la sensación de rozar mi polla por su culazo, sobar sus nalgas, correrme en ellas… pero me obsesionaba llegar más allá.
    
    Me obsesionaba conseguir que me dejase, ya que no follármela, al menos comerle el coño. Tanto le insistí y tan caliente la puse que un día me dejó que intentase darla por el culo, pero mi polla era muy gorda para su ano virgen y ante la posibilidad de acabar ella en urgencias y yo en el patíbulo decidimos desistir.
    
    Pasó el verano, empezó el otoño y empecé la Universidad, pero ninguna de mis bellas y simpáticas compañeras me movía tanto la aguja como mi prima Rocío. Quedaba con ella todos los fines de semana, la acompañaba al cine, la “cuidaba” cuando quedaba en el barrio con sus amigas, ...
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