1. La culpa fue de mis primas


    Fecha: 24/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Maesu, Fuente: CuentoRelatos

    ... iba a verla a su casa día sí día no, y no desperdiciaba ocasión para pedirle, para suplicarle, para ordenarle o rogarle que me dejase chuparle el coño, pero no había manera.
    
    A lo sumo me dejaba mirar de cerca cómo se masturbaba y era aún peor, porque podía ver con detalle cómo se frotaba el clítoris con los dedos, cómo sus labios se hinchaban y se mojaban, cómo se estremecía cuando se corría, podía escuchar de cerca el sonido chapoteante de su flujo, oír los gemidos ahogados de su placer, oler el aroma embriagador de sus jugos, y me ponía malo. Prácticamente me corría en los calzoncillos de ver aquello.
    
    Pensaba en aquel coño a todas horas. Cuando alguna vez mi prima me prestaba su culo para desahogarme tenía que hacer esfuerzos realmente titánicos para no desvirgarla por la fuerza y follarle ese chocho prohibido hasta que rebosara de mi leche.
    
    Ya no podía más, y por si no fuera poco en una de estas ocasiones mi prima Catalina nos pilló en plena faena, Rocío a cuatro patas y yo restregándole el pollón todo duro por la raja del culo. Claro está, le suplicamos que no contase nada y ella aceptó con la condición de que la avisáramos y la dejásemos mirar siempre que fuéramos a hacer “esas cosas”. Tuvimos que aceptar, claro.
    
    Y fue peor.
    
    Ya no solo tenía que aguantarme las ganas de mancillarle el conejo a mi prima Rocío, sino que además tenía que ver cómo mi prima Catalina se despatarraba junto a nosotros mirándome fijamente y se manoseaba furiosamente su almeja ...
    ... peluda y babosa, más babosa que la de su hermana por cierto, y se relamía dándole al dedo mientras observaba toda la jugada. Ya no era un solo coño el que tenía delante sin poder tocarlo, sino dos. Porque, claro, tampoco Catalina estaba dispuesta a dejarse tocar la almendra ni con un pétalo de rosa. Y a mí la cabeza me iba a estallar en cualquier momento.
    
    Claro que me desquitaba con las putas de la barra, con alguna compañera bien dispuesta, con la vieja salida aquella del barrio, pero no me bastaba. Estaba loco por probar los chochos de mis primas y no aguantaba más.
    
    Quiso el destino o la suerte o sepa usted qué, que mi abuela y mis tíos, los padres de mis mentadas primas, tuviesen que irse unas semanas a Bilbao a casa de unos parientes a resolver unos asuntos pendientes, y que me dejasen muy encomendado ayudar a mi santa madre a “cuidar” de mis primas en su ausencia.
    
    El zorro cuidando de las gallinas, vaya.
    
    Redoblé mi campaña de acoso y derribo tratando de convencerlas para que me dejasen catar esas almejas jugosas, y una tarde de viernes, para mi sorpresa, mi prima Catalina me dijo que aceptaban, pero que era mejor hablarlo en casa de abuela por si mi madre o mi hermano se perlaban de algo. Quedamos de vernos allí con la excusa de ir al mercadillo el domingo por la mañana, y una vez reunidos les dije que bragas fuera, que cumplieran con su palabra.
    
    -Hay una condición.
    
    -¿Qué condición?
    
    -Puedes comerle el coño a Rocío, pero tienes que vestirte con ropa de la ...
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