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Rojo intenso (3): La rubia de recepción (parte 1)
Fecha: 24/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... semen ardiente. Rosanna, desde su silla, apretó los labios y explotó en un orgasmo indescriptible. Hubo un silencio denso en la sala de juntas. No era silencio de paz, sino de preguntas. De esas que se hacen sin palabras, solo con el cuerpo exhausto y las miradas cargadas de un “¿y ahora qué?” Vanessa seguía en la mesa, respirando de forma agitada, con los labios húmedos y los ojos entrecerrados, sintiendo el dolor en su ano, pero lleno con aquel liquido lechoso en su interior. Ismael, a su lado, no se movía. Parecía mirar a través de ella, como si buscara entender lo que acababa de escuchar. —Eres el amor de mi vida. Esa frase, que había salido de los labios de Vanessa como una confesión suave y ardiente, había golpeado a Rosanna como un trueno. Aún sentada en su silla, con las piernas cruzadas y el cuerpo aparentemente relajado, su mente era otra cosa. Ella no lo dijo, pero lo pensó: ¿Por qué me prendió tanto que ella le dijera eso? Ismael no respondió de inmediato. Solo la miró. A Vanessa. Con una mezcla de ternura y desconcierto. Fue entonces cuando Rosanna se levantó. Su falda aún desordenada, su cabello enmarañado, pero sus ojos… eran fuego controlado. Caminó lentamente hasta las nalgas de su empleada, sin mirar a Ismael comenzó a saborear el semen de su hombre directamente del ano de Vanessa, minutos después se levantó y le dio una fuerte nalgada a la chica. —Está bien —dijo en voz baja, con una sonrisa difícil de descifrar—. Las emociones ...
... florecen en la oscuridad. Pero veremos qué sobreviven con la luz del día. Vanessa la observó, aún vulnerable, como si supiera si acababa de ser bendecida. Ismael quiso decir algo, pero las palabras no salieron. Solo estiró una mano hacia Rosanna, y ella la tomó. La sala de juntas aún respiraba con ellos. No era solo el aire espeso de una noche larga, sino esa carga invisible que queda cuando los cuerpos y las emociones se han dicho más de lo que las palabras permiten. Vanessa seguía sentada en la orilla de la mesa, su silueta recortada por las luces bajas del estudio. Sus piernas, abiertas con naturalidad, no buscaban provocar. Era una postura de entrega, de confianza, como si dijera: Aquí estoy. Sin máscaras. Rosanna se acercó primero. La observó por un instante, como si la estuviera redescubriendo. Se inclinó con lentitud, sus labios buscaron su piel, su mano recorrió con suavidad la curva de su nalga que aún ardía por aquellas nalgadas. Depositó un beso cálido, íntimo, en el pezón izquierdo de Vanessa, donde el corazón parecía latir con más fuerza. Ismael se acercó después, sin decir palabra. Se colocó al otro lado de Vanessa. Sus manos, firmes pero cuidadosas, la sostuvieron por la cintura. Sus labios también encontraron espacio. Besaron. Reconocieron. Reclamaron lo que el deseo había sembrado en los tres. Durante unos instantes, sus respiraciones se entrelazaron. No hubo necesidad de más. Las miradas hablaban. Los gestos respondían. Las manos de ...