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La Última Carta de La Hondonada (01)
Fecha: 26/03/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: mensajera22, Fuente: TodoRelatos
CAPÍTULO 1: El Cortijo de las Sombras Verano, 1957. El capitán de la Guardia Civil Félix Alcázar no es un hombre que inspire temor a primera vista. No tiene la estatura imponente del gendarme rural ni el gesto adusto del juez de instrucción. Mide poco más de uno setenta, y su figura, aunque esbelta, ha empezado a ceder en los bordes: un leve abultamiento en el cinturón, como una promesa de decadencia que él ignora con elegancia. Sus manos, sin embargo, son largas, finas, con dedos de pianista o de cirujano, y siempre están en movimiento —tocando el borde de una copa, ajustando un gemelo, pasando una página con parsimonia— como si estuvieran resolviendo un enigma invisible. Su rostro es moreno, curtido por el sol andaluz, pero no por el trabajo en el campo, sino por las largas carreras de mantenimiento que da al amanecer, cuando nadie lo ve, por los olivares que bordean su casa en Granada. Tiene los ojos grises, casi metálicos, del color de una moneda antigua, y una mirada que no se detiene, que escudriña sin parecer hacerlo. Cuando observa a alguien, no lo hace con descaro, sino con una suavidad calculada, como si estuviera escuchando no solo las palabras, sino el eco que dejan en el silencio. Su pelo, negro y ligeramente ondulado, empieza a platearse en las sienes, no por la edad —tiene cuarenta y siete años—, sino por el insomnio. Por las noches, no sueña. Recuerda. Viste de paisano en su trabajo, no de uniforme. Pero con sobriedad, con un gusto que delata una ...
... vanidad discreta: trajes de lana fina, camisas de cuello almidonado, zapatos negros siempre impecables. No lleva anillos, salvo uno de sello oscuro, con un escudo que nadie ha sabido descifrar. Dice que es familiar. Nadie le cree. Más bien parece un símbolo personal, una contraseña con él mismo. Habla poco, pero cuando lo hace, su voz es grave, lenta, con una cadencia casi hipnótica. No alza el tono, ni siquiera en interrogatorio. Prefiere el susurro, la pregunta que parece casual, la frase que suelta como si no importara, pero que clava como un puñal. Es un hombre que sabe escuchar el miedo en una respiración, el remordimiento en una pausa. No necesita gritar. La verdad, dice, siempre se cansa antes que él. Pero hay algo en Alcázar que no aparece en los informes oficiales, ni en los expedientes de la Comandancia: su debilidad. O, mejor dicho, su pasión. Porque el capitán no es un asceta, ni un célibe entregado al deber. Al contrario: es un seductor nato, un hombre que ha aprendido que el poder no solo reside en la autoridad de sus estrellas de capitán, sino que también hay otro poder, tal vez el poder con mayúsculas, cuando tiene a una mujer y la besa en la boca y cuando juega bailando sus caderas entre las piernas de ella. Conoce el lenguaje del deseo, el arte de la seducción silenciosa. No seduce con palabras grandilocuentes, sino con miradas, con detalles, con la forma en que sirve el vino, en cómo coloca la mano sobre la mesa, cerca, pero sin tocar. Es un hombre ...