1. La Última Carta de La Hondonada (01)


    Fecha: 26/03/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: mensajera22, Fuente: TodoRelatos

    ... su clímax, lo hubiera poseído por completo, cuerpo y alma.
    
    Sin embargo Alcázar no ama. Nunca se ha enamorado. Sus relaciones son fugaces, sexuales, intensas, muy carnales y siempre terminan antes de que se vuelvan incómodas. No tiene hijos. No tiene esposa. Solo una colección de cartas quemadas, de fotos guardadas en un cajón cerrado con llave, de nombres olvidados que, de vez en cuando, regresan en sueños. No busca compañía. Busca aventura. Alivio del peso que lleva en su trabajo. La pesadumbre mental de un hombre que ha visto demasiado, que ha juzgado sin poder, que ha dejado escapar a culpables por falta de pruebas, y condenado a inocentes por falta de valor. Y ahora, en la cama, puede fingir que no es el juez, sino hombre. Que no es el que pregunta, sino el que sola y llanamente siente.
    
    Pero esta vez… el teléfono suena. Cuando acaba de meter la polla en el culo de Elena, cuando su cuerpo está recostado sobre la espalda de ella, follándola como una perra, mordiéndole el cuello mientras la sodomiza lentamente, casi a punto de correrse.
    
    Un timbre seco, insistente, que corta el aire como un cuchillo. Elena se estremece. Alcázar abre los ojos. No se mueve. No responde. El teléfono sigue sonando. Y sonando. Hasta que, con un suspiro casi imperceptible, saca la polla del interior maravilloso de ese ano divino. Se desliza fuera de ella, sin brusquedad, como quien abandona un sueño a regañadientes y su ano queda abierto, palpitando, extrañando la verga que lo deja ...
    ... vacío.
    
    Se levanta. Ella lo ve desnudo cruzar la habitación. Con la polla aún goteando. Su espalda es fuerte, marcada por cicatrices pequeñas —una de niñez, otra de servicio—,tiene un andar es seguro, sin prisa. Coge el auricular.
    
    —Alcázar —dice, con la voz aún baja, como si no quisiera romper del todo el encanto, dejando un resquicio para la esperanza de volver a Elena.
    
    Del otro lado, una voz oficial, seca: “Capitán, lo necesitamos en Jaén. Han hallado cadáver en cortijo La Hondonada. La causa de muerte no se sabe todavía. Pero han requerido la intervención de la Sección de Investigación.”
    
    Él escucha. Asiente. No pregunta. Solo dice: “Voy.”
    
    Cuelga. Se queda un momento mirando el aparato, como si esperara que volviera a sonar, que le diera una excusa para no ir. Pero no lo hace.
    
    Cuando se vuelve, ella lo observa desde la cama, con los ojos brillantes, todavía enrojecida. Él no sonríe. No se disculpa. Arquea las cejas y sólo dice un lacónico:
    
    —Tengo que irme.
    
    Ella asiente, sin sorpresa. Lo ha visto antes. A los hombres como él. A los que viven entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos. Los que hacen el amor como si tuvieran que irse, y trabajan como si estuvieran buscando perdón por haberse ido.
    
    Él empieza a vestirse. Con la misma calma con la que se desnudó. Camisa blanca. Pantalón oscuro. Corbata. Zapatos. No mira al espejo. No necesita verse. Sabe quién es.
    
    Se sienta en el borde de la cama y sonríe. Elena esboza también una sonrisa antes de ...
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