1. Greg & Silvia. La novia de mi amigo me morrea


    Fecha: 27/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Martin Valdez, Fuente: TodoRelatos

    ... puerta sin mirar atrás.
    
    Mi amiga se me acercó entonces lentamente por la derecha, con sus ojos brillando de nuevo, mirándome con complicidad.
    
    —Por fin solos —musitó.
    
    La recibí con una sonrisa intensa, tomé su rostro entre mis manos y la besé con pasión, acercando nuestros cuerpos y buscando esa calidez que tanto nos gustaba. Ella me devolvió el beso largamente, sonriendo entre los labios, presionando su rostro contra el mío con una mezcla de ternura y deseo.
    
    Después nos separamos y Silvia me rodeó el cuello con las manos, tocándome la nuca con gran afecto.
    
    —Nunca pensé que cortarte el pelo pudiera sentirse así, tan tranquilo… Tan… apacible —me susurró, apoyando su frente contra la mía.
    
    —No es solo el corte —la corregí, sonriendo con cariño—: eres tú. Que estés aquí. Me das mucha paz, Silvia.
    
    Me dio un pico y retomó, toda sonriente, los ejercicios de peluquería, pero ahora con otra intención, más suave, más lenta, como un ritual que nos unía: cada gesto, cada toque, era una confesión silenciosa de amor y deseo prohibido.
    
    Me pasaba los dedos por donde antes había mechones, acariciando la piel recién expuesta. También por el cuello, la nuca y los hombros, en una danza íntima de ternura y seducción.
    
    Yo mantenía los ojos cerrados, disfrutando del contacto, de la confianza, de ese momento suspendido en el tiempo.
    
    —Me relaja estar así contigo, Greg —me susurró, acercándose a mis labios con una sonrisa—. Cuidarte… Tocarte… Compartir este ...
    ... momento.
    
    Los minutos se diluyeron en caricias y susurros. Ella terminó de cortar, dejándome el pelo más corto, más desnudo, y lo acarició como si estuviera tocando algo sagrado.
    
    Me puso las gafas para que pudiera examinarme yo mismo y quedé realmente satisfecho: verdaderamente a la novia de Manuel se le daba genial.
    
    —Eres una peluquera excelente, Silvia —le di las gracias, atrayéndola hacia mí, cogiéndole la cara con las manos y plantándole un buen beso de amor en los morros, en esos labios que tanto me gustaban y que tan bien conocía ya.
    
    —¿De verdad? —quiso confirmar, toda ilusionada, apoyándose en mi pecho y quedándose ahí quieta, pegadita a mí, bien a gusto.
    
    ***
    
    Nos fuimos dando tiernos besitos que, poco a poco, hicieron que nos calentáramos y se tornaran más y más pasionales. Abracé a Silvia por la cintura, con menos delicadeza y más fuerza cada vez, y ella se dejó atrapar por mi cuerpo, desnudo de cintura para arriba.
    
    En un segundo, y poseído por un instinto animal, la empotré contra la nevera, produciéndose entonces el sonido sordo de su espalda golpeando el frío metal, y mezclándose este con un gemido suave y profundo.
    
    La novia de mi colega me rodeó el cuello con los brazos, teniendo los labios ya abiertos antes del beso, el cual, cuando llegó, fue ya como un estallido hasta ese preciso instante contenido.
    
    La besé con hambre, sin pausa, con una entrega brutal y dulce al mismo tiempo. Nuestras bocas se aplastaron, nuestras narices chocaron y Silvia sonrió ...