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Greg & Silvia. La novia de mi amigo me morrea
Fecha: 27/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Martin Valdez, Fuente: TodoRelatos
... entre beso y beso, jadeando por momentos. —Te encanta besarme así… —susurró, con la respiración entrecortada—. En modo animal. Salvaje… Me gusta, Greg. Me pone muchísimo. Continúa. Ella me besó entonces más lento, más profundo, presionando intencionadamente nuestros rostros, aplastando su nariz ancha y sensual contra la mía, haciéndome gemir de placer contenido. Bajé las manos por su espalda, recorriendo su silueta con la seguridad de quien la conoce entera. Mi querida se apretó más contra mí, aplastada entre su pecho y la nevera. El frío del metal contrastaba con el calor brutal que emanaba de nuestros cuerpos, fruto de nuestro aliento, nuestros labios y nuestros cuerpos pegados. La mordí suavemente en el labio inferior, y luego descendí hacia su cuello. Silvia cerró los ojos, ladeando la cabeza, entregada, caliente, receptiva, tremendamente sexual, con sus uñas clavadas en mi espalda. —No te imaginas cuánto te he necesitado —murmuré, entre piel y respiración. Ella asintió sin abrir los ojos, la boca abierta, jadeante, hundiendo los dedos en mi nuca. —Lo sé... Lo sé… Yo también… Aaahhh… Te juro que casi no aguanto más… Nuestras caderas se rozaban, tensas, en una danza muda. Mi hembra ladeó el rostro, buscó otra vez mi boca y me besó con una mezcla de urgencia y ternura. Sabíamos que no había prisa alguna, ya que estábamos en mi casa, su novio no terminaría el turno hasta pasada la medianoche y aún no eran ni las seis de la tarde. Nos lo podíamos ...
... tomar con toda la calma del mundo. Sin soltarla, deslicé una mano por debajo de su camiseta, sintiendo su piel caliente y tensa. Mi mejor amiga cerró los ojos y se mordió el labio, dejando que el frío de la nevera detrás de su espalda contrastara con el fuego que subía por su vientre. Le comí los morros otra vez, más hondo, más sucio. Esta vez no era un beso dulce: era uno que exigía. Que rompía. Nuestras bocas se devoraban, nuestros cuerpos pegados como si hiciera semanas que no se tocaban. Silvia subió una pierna, envolviéndome la cadera, y le sujeté el muslo con una mano. —Dios, cómo me gusta tomarte cuando aún llevas su olor encima… —le susurré, con la boca rozando su oreja, olisqueándola. Mi amada tembló, exhalando un gemido agudo, casi roto. Me miró con los ojos abiertos de par en par, sin miedo ni culpa… Solo deseo y lujuria. —¿Te excita eso? —me preguntó, provocándome, ya que sabía perfectamente la respuesta—. ¿Saber que aún llevo dentro de mí su dulce y sabroso exilir… y que ahora te quiero a ti? Aquellas palabras me terminaron de encender y gruñí, y la alcé de golpe, haciéndola sentarse de espaldas sobre la encimera de la cocina. Toda sonriente, se acomodó sola, sin perderme la mirada, estirando de su camiseta hacia arriba para liberarse de ella. —No sabes cuánto —le respondí, finalmente. Bajé la cabeza hasta sus pechos, besando, lamiendo, mordiendo por encima de la ropa interior. Silvia me empujó contra su cuerpo, desesperada por el contacto, ...