1. Sabemos que nos miras (II)


    Fecha: 30/03/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Curiosa, Fuente: TodoRelatos

    ... el vaivén de sus cuerpos, por la forma en que él la poseía sin violencia, con una elegancia y una fuerza que solo aumentaban mi deseo.
    
    Natasha giró levemente el rostro hacia mí, sus ojos buscándome, su boca entreabierta, sus mejillas enrojecidas. Me sonrió, y esa sonrisa, en medio de aquella postura deliciosamente sumisa, me encendió de nuevo por dentro. Me incorporé despacio, aún sintiendo la electricidad en mi cuerpo, y me acerqué hasta quedar a su altura.
    
    No necesitó decir nada. Sabía lo que quería. Lo que los tres queríamos.
    
    Me incliné hacia ella, rodeándola por delante con mis brazos mientras él la sostenía por detrás. Nuestros cuerpos se unieron como piezas de un puzle perfecto. Mis labios encontraron los suyos y nos fundimos en un beso ardiente mientras él seguía penetrándola, llenándola, poseyéndola. Cada embestida suya hacía que nuestros pechos se rozaran, que nuestras lenguas se entrelazaran aún más profundo, como si quisiéramos probar el sabor del placer que él nos regalaba.
    
    Jamás pensé que pudiera existir algo así. Jamás imaginé que pudiera formar parte de algo tan perfecto. Y sin embargo, allí estaba. Entre ellos. Con ellos. Dentro de ellos.
    
    Y lo mejor… es que sabía que aún quedaba mucho por sentir.
    
    Me sorprendí a mí misma, una vez más. No era solo deseo. No era solo excitación. Era algo mucho más profundo, más primitivo, más instintivo. Nunca antes había sentido esa necesidad imperiosa hacia una mujer, y menos aún con esa intensidad. Jamás ...
    ... había deseado con esa avidez el cuerpo femenino… hasta que llegó ella.
    
    Natasha me miraba con los ojos entrecerrados, con la boca entreabierta y el cuerpo vibrando bajo el ritmo perfecto de Sebastian, que seguía empujándola con esa cadencia hipnótica, milimétrica, deliciosa. Pero era a mí a quien buscaba con la mirada. A mí quien quería ahora.
    
    Y yo no lo dudé.
    
    Me acerqué más, hasta quedar completamente frente a ella. Con ambas manos la sostuve por los hombros, y fue entonces cuando me permití explorarla sin prisa. Primero con los ojos. Después, con los labios.
    
    Besé su cuello despacio, empezando por la base, justo donde su clavícula se insinuaba con suavidad. Noté su piel erizarse al contacto de mi boca, noté su respiración entrecortarse, y el leve gemido que escapó de sus labios fue mi recompensa inmediata.
    
    Seguí ascendiendo, rozando su piel con la punta de la lengua, delineando su cuello como si lo esculpiera, deteniéndome tras su oreja para exhalar apenas un suspiro. Natasha tembló. No sabía si por mí o por Sebastian, que detrás seguía empujando en un ritmo cada vez más envolvente, más profundo, marcando el compás de nuestra danza.
    
    Mi boca descendió, lentamente. Me tomé mi tiempo. Sentía su aroma, su calor, su energía vibrante. Besé cada centímetro de su clavícula, y luego más abajo, hacia sus pechos, esos pechos perfectos, firmes, redondos, que se alzaban al ritmo del placer.
    
    No había apuro. Los rodeé con mis labios, con mi lengua, con mis manos. Los ...
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