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Rescatado en la tempestad. (Parte 1)
Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos
... los brazos de mi tío Daniel. Quise estirar la mano para tomar mi móvil y mirar la hora, pero me contuve. No quería usar el Amazon Echo y arriesgarme a despertarlo con la voz del asistente. Estaba tan a gusto, acunado en su calor, que nada más parecía importar. Sin embargo, noté que, de forma involuntaria, el pene de mi tío rozaba mi rodilla. Aunque no estaba erecto, su tamaño seguía pareciéndome descomunal, una presencia imposible de ignorar. En ese instante, la idea de tocarlo cruzó mi mente, alimentada por el permiso implícito que él me había dado en nuestra conversación antes de dormir. Pero el pensamiento me llenó de nervios. ¿Y si se despertaba y me reprochaba que había malinterpretado sus palabras? ¿Y si mi excitación me llevaba a cruzar un límite que él no había autorizado? La sola idea hizo que mi corazón se acelerara, y mi pene, incapaz de contenerse, volvió a endurecerse. Sentí la humedad del líquido preseminal en la punta de mi polla, un recordatorio de lo mucho que me afectaba su cercanía. Estaba atrapado entre el deseo y el miedo, sin saber qué hacer. Pensé en levantarme, ir al baño y masturbarme para aliviar la tensión, pero una voz en mi cabeza me detuvo. ¿Volvería a tener una oportunidad como esta? Tal vez esta fuera la única vez que mi tío me permitiera acercarme tanto. Tras darle mil vueltas, decidí buscar un punto medio, esperando que él entendiera que el líquido preseminal no era algo que pudiera controlar y que, si llegaba a rozarlo, me ...
... perdonara. Con el corazón en la garganta, me acerqué más y abracé su cuerpo, hundiendo mi rostro entre sus firmes y musculosos pectorales. Mis manos, temblorosas, acariciaron suavemente su trasero, sintiendo la calidez de su piel. El aroma de su cuerpo inundó mis sentidos, un olor masculino y embriagador que hizo que mi pene respondiera con más jugo sexual. Pero entonces noté un leve movimiento en él, y la vergüenza me golpeó como un relámpago. No pude ir más allá. Me aparté con cuidado, girándome hacia la mesita de noche. Tomé unos pañuelos de papel, limpié con rapidez el líquido de mi glande y, con otro pañuelo limpio, me incliné hacia la rodilla de mi tío para limpiar cualquier rastro que pudiera haber dejado. Con cuidado, intenté limpiar la zona de la rodilla de mi tío donde suponía que había caído mi líquido preseminal, subiendo ligeramente por su muslo para asegurarme de no dejar rastro. Pero al hacerlo, la parte superior de mi mano rozó el vello de sus grandiosos testículos y, sin querer, acarició levemente su piel del escroto. La excitación de ese contacto involuntario me atravesó como un relámpago. Un gemido de placer escapó de mi garganta, mi cuerpo tembló violentamente, y estuve a punto de correrme. Mi mano, aun sosteniendo el pañuelo, seguía en su muslo, mientras la otra se aferraba a mi pene, intentando contener el impulso que amenazaba con hacer que me corriera. El gemido debió ser más fuerte de lo que pensé, porque él se despertó. En la penumbra, su voz resonó con ...